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Derrotero de Valverde.

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Derrotero de Valverde.

Mensaje por Pedro Cantú el Dom 28 Sep 2008, 1:14 pm

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JOSE VALVERDE

PERSONAJE MITICO. Todo lo que se escriba de este sujeto es simplemente leyenda pues a pesar de las investigaciones practicadas en los archivos de Latacunga, Pillaro y sus alrededores, no se ha hallado ningún documento relativo a su vida y solo se conoce de él a través de la tradición oral que lo une con el famoso "Derrotero de Valverde". Guía cierta para llegar hasta el sitio donde se encuentran enterrados los fabulosos tesoros del rescate del Inca Atahualpa, en las montañas tenebrosas de los Llanganatis.

El asunto es como sigue: Un español de apellido Valverde (1) se hizo de un Derrotero para llegar hasta el sitio del tesoro, pues habiéndose casado con una hija del Cacique de Píllaro entre 1770 y siguientes, entró al conocimiento del secreto. Debió marchar desde Píllaro a las Lagunas de los llanganatis, donde localizó el sitio exacto del tesoro, tomó una parte de él y salió nuevamente a Píllaro, anotando todos los lugares por donde había pasado para poder regresar; entonces prefirió regresar a España donde murió hacia 1788 época en que ya gobernaba el rey Carlos IV, a quien dejó


(1) Contra mi costumbre de escribir solamente lo que es historia, anoto que el nombre de José, con el que figura Valverde, en este Diccionario, ha sido tomado de referencias verbales obtenidas por personas ancianas de Pillaro, que así me informaron durante un viaje que realicé a esa población en 1958. Ellos me indicaron entonces que recordaban la historia del Derrotero, de su autor José Valverde, pero que no podían recordar sus fuentes de conocimiento. Posiblemente la historia del Derrotero y del tesoro es tan antigua que se pierde en el siglo pasado, pues ya para entonces fue noticia, interesó a científicos, viajeros e historiadores y atrajo su atención. Celiano Monge, inclusive, debió realizar las averiguaciones del caso y decepcionado de sus pesquisas, se deshizo de una antigua copia del Plano y del Derrotero del tesoro, enviándoselo de obsequio a su amigo residente en Quito, quien los tuvo en gran estima y dejó a sus herederos. La copia del Derrotero fue vendida al conde sueco y la del Plano al sabio Luciano Andrade-Marín, que lo copió en su libro "Llanganatis", como ya se expresó al hacer la Biografía de Antonio Pastor y Marín de Segura.
en su lecho de muerte una carta con la Relación y el Mapa. Nada más se conoce de Valverde. De allí en adelante el Rey envió a Antonio Pastor y Marín de Segura a buscar el oro y ésa es otra historia

Lo cierto es que en el Libro Becerro de Oro de la biblioteca del Colegio "Vicente León" de Latacunga se conservó por muchos años el Derrotero, cuya protocolización notarial ocurrió en la escribanía de José Ignacio Pacheco el 26 de Septiembre de 1834. Ese documento menciona que el Cacique Auqui Toma, hermano del Inca Huayna Cápac, lo dio por herencia a una princesa hija del Ati Pillahuaso, de Píllaro. A su vez, ella trasmitió el conocimiento al Cacique Longo, igualmente de Píllaro; cuya hermana Zúñac contrajo matrimonio con el blanco Marcelino Youvon, que excursionó a los Llanganatis con el padre Fernández, llegando hasta el sitio denominado la Chorrera del Golpe, donde misteriosamente desapareció Longo. Otra versión, trasmitida por Luciano Andrade Marín, dice que Longo no era Cacique sino sacerdote y que habiendo entrado a los Llanganates con Enríquez de Guzmán, murió o desapareció.

Nadie duda que exista el famoso derrotero para llegar al tesoro. Incluso Richard Spruce lo halló en el siglo pasado y se tomó el trabajo de publicarlo en uno de sus libros, traducido al idioma inglés. La versión en español es como sigue, aunque tiene pequeñas diferencias que corren anotadas en "Los Llanganatis", obra del sabio Luciano Andrade Marín, que es el que más ha investigado estos sucesos.

El Derrotero de Valverde, por otra parte, en una versión más antigua, parece que fue dictado por un indio, pues en varios párrafos se refiere despectivamente al blanco barbudo español enemigo de nuestra reza pura.


Derrotero

"Si quieres tener la ambición del blanco barbudo español, enemigo de nuestra raza pura, nunca des este derrotero que te voy a dejar, pues habiendo ido hasta nuestros cerros del sol los tres Llanganates, meterás las manos en la laguna encantada y sacarás el oro, ambición del barbudo blanco y corregidores de Tacunga y Ambato, que nuestras razas siempre les mandarás oprobios y maldiciones pidiendo a Dios Viracucha haga justicia para que siempre queden en poder de nuestra tierra y que nunca descubran los barbudos. Así te doy y te indico el derrotero que debes seguir sin avisar ni notificar a ninguno de los blancos que quieren vencer nuestros dominios.

“Te pondrás en el pequeño pueblo de Píllaro suelo de nuestro gran Rumiñahui, allí preguntarás por el Moya que era de Rumiñahui, seguirás hacia las alturas frías hasta llegar a nuestro cerro del Guapa a cuya punta, si es que el día fuese de bueno, mirando siempre el lado de donde sale el solo sea el pueblo de Ambato que tendrás siempre a las espaldas y fijándote tus ojos verás siempre, al lado donde sale el sol, los tres cerritos que se llaman los Llanganatis que están en forma de tres, como el de callo el Tacunga, que dan las tolas en línea recta las del cerro Hermoso. Siguiendo este derrotero bajarás hasta llegar a la laguna verde que es la misma que se hizo a mano, ordenado por Rumiñahui, quien mandó a su hermano el cacique de Panzaleo se arroje allí todo el oro metal que quisieron los ambiciosos guiracochas para liberar a nuestro Padre Atahualpa con motivo de la orden que dio el guiracocha blanco. Seguirás, te digo, el cerro de Guapa, siempre con la montaña hasta que llegues al gran manchón de las grandes sangurimas que hacen de la confundir a los que anden por allí porque desvían del derrotero flechas.

"Pues te diré que ese manchón es el guía que llevarás siempre hasta la mano izquierda hasta cuando llegues al juncal grande; desde el juncal grande, a media ladera pasarás por medio de él, donde verás dos lagrimitas que llamamos "laguna de los anteojos", por tener nariz al medio, una punta de arena semejante al Cuilcoche de Otavalos; desde este sitio volverás los ojos donde sale el sol y verás otra vez los Llanganates como lo viste otra vez desde el alto del gran Guapa y te prevengo que no te engañes porque dichas lagunitas has de dejar siempre a tu izquierda y siguiendo siempre con mano izquierda de nariz o punta verás un gran llano de paja donde es dormida del segundo días donde se deja las bestias y seguirás con pie hasta llegar a la laguna negra llamada Yanayacu, la cual dejarás a la izquierda, bajando con mucho cuidado a la ladera, llegando a la quebrada, llegando a la gran Chorrera que es el golpe del agua o Chorrera del Golpe, donde pasarás por puente de tres palos. Y si éstos no halla ya, buscarás sitio poniendo otro puente donde verás la choza donde sirve de dormida, unida a la gran piedra donde están trazados los derroteros. Al otro día seguirás el viaje por el mismo derrumbe de la montaña, llegando a la quebrada cerca muy honda donde pondrás palos para poder pasar con mucho tiento, porque es muy honda. Así llegarás a los pajonales donde braman los rayos del cielo, siguiendo los grandes llanos; y viendo que termina el gran llanete entrarás en una grande cañada entre los tres cerritos, donde toparás con camino empedrado del Inca y donde verás las puertas del socavón que está hecha como si fuera de iglesia; caminarás un buen trecho hasta topas con chorrera que sale de un hijo del cerro de Llanganates más grande haciendo tembladeras donde hay bastante oro que metiendo la mano sacarás otro granado. Pero para subir el cerro dejarás la tembladera y tomarás mano derecha por encima de chorrera, subiendo para dar vuelta el hijuelo y si acaso esta boca del hijuelo está tapada ha de ser con salvaje o musgo. Quita con las manos y darás con la puerta donde verás la guaira donde está horno para fundir metal. Si quieres regresar procura coger el río que queda a mano derecha, cogiendo playa para el hato siguiendo siempre el cañón del desagüe de la laguna; luego seguirás a mano derecha hasta cuando veas la nariz de las lagrimitas de anteojos y el gran Guapa que siempre deja atrás al pueblo de Ambato; seguirás cerro de mayordomo siguiendo pajonales fríos para bajar a Píllaro".



http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo9/v1.htm
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Re: Derrotero de Valverde.

Mensaje por Pedro Cantú el Dom 28 Sep 2008, 1:17 pm

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EL TESORO DEL CORREGIDOR PASTOR 1° Parte

Relata Luciano Andrade Marín en su obra "Llanganati" que "según la tradición, allá en los días de la colonia hubo en Latacunga un español de apellido Valverde, que siendo muy pobre se transformó en un hombre riquísimo de la noche a la mañana, regresando a España, donde murió. La riqueza de este individuo se atribuye a que habiéndose casado con una chiquilla india, el padre de ella, Cacique de Píllaro según dicen, llevó muchas veces a Valverde a unos agrestes parajes de los Llanganatis, mostrándole el sitio en que estaba escondida una parte de oro acumulado por los indios de Quito para el rescate del Inca Atahualpa. Antes de morir y en su lecho fatal, Valverde reveló el secreto del escondite de tales tesoros, en un escrito destinado al rey de España. Este escrito es su Guía o Derrotero".

El Rey debió enviar la Guía o Derrotero a Latacunga, con un sacerdote de apellido Longo, quien hizo entre 1792 y el 93 una entrada a las montañas, acompañándose del Corregidor de Latacunga, Antonio Pastor y Marín de Segura, casado con María Ruiz Jiménez y Montesinos, natural de Ambato, en quien tenía hijos.

"Esta expedición de Pastor y Longo había llegado casi al termino de la ruta cuando una noche desapareció misteriosamente el Padre Longo y ninguna traza de él pudo ser descubierta, de modo que sea que haya caído en una quebrada cercana al lugar en que acamparon o en una de las ciénegas que abundan por todos lados, su rastro se perdió. Después de buscar al Padre en vano por algunos días, la expedición regresó sin haber conseguido su objeto".

Sin embargo parece que el inteligente Corregidor Pastor si descubrió el oro en grandes cantidades y guardándose el Derrotero original dejó una copia en la escribanía de Latacunga, con la pista final maliciosamente alterada para que otros no pudieran hallar el tesoro.

Andrade Marin indica que el Derrotero contiene varias jornadas de camino, siendo las tres o cuatro primeras de una exactitud pasmosa con relación a las realidades geográficas de esa región de Pillaro y la entrada a las montañas de los Llanganati.

Poco después el Corregidor Pastor dejando a su familia en Ambato viajó a Lima, y radicó en esa capital; en 1801 falleció su esposa y contrajo segundas nupcias en el Perú con Narcisa Martínez de Tejada y Ovalle, de este matrimonio tuvo solamente un hijo de quien descienden los Pastor de esa república y la familia Puga Pastor de Guayaquil.

En 1803 Pastor embarcó en el puerto de Lambayaque a bordo de la fragata "El Pensamiento", de nacionalidad inglesa y al mando de los capitanes John Deigg y John Fanning, un cargamento de valiosísimas barras de oro y otros metales, para ser depositadas en el Royal Bank of Scotland por Sir Francis Mollison, de conformidad con un Poder otorgado a su favor por los esposos Pastor Martínez de Tejada. Las barras debía producir intereses y el monto total de todo ello se repartiría entre los descendientes de dicho matrimonio, pero solamente en la quinta generación.

Mientras tanto ¿Qué había ocurrido en Latacunga a la huida de Pastor? Por otros documentos se conoce que el Cura de Píllaro Mariano Enríquez de Guzmán ese mismo año de 1793 realizó una expedición a los Llanganatis, sin aparente éxito, porque utilizó el Derrotero falso dejado por Pastor, quien también debió escribir el título que lleva en la portada y que dice así; "Guía o Derrotero que Valverde dejó en España donde la muerte le sorprendió a él, habiendo ido desde las montañas de Llanganati, a las cuales el entró muchas veces y sacó una gran cantidad de oro; y el Rey ordenó a los Corregidores de Tacunga y Ambato que buscasen el tesoro, cuya Orden y Guía se conservan en una de las oficinas de Tacunga".

Que el Cura Enríquez anduvo interesado en el tesoro y que hasta expedicionó a los Llanganatis, no cabe la menor duda, porque en 1954 apareció su tosco mapa del Tesoro pintado por él a colores; no así la Guía o Derrotero que también debió sacar a mano de las oficinas de Latacunga, copia que años después fue de propiedad del señor Lorenzo Gortaire Viteri, vecino de Quito a fines del siglo pasado y que al morir dejó a sus herederos, quienes la vendieron a Stellan Moerner, ciudadano de nacionalidad sueca, que pasaba en Quito por Conde a principios de este siglo y vivía interesadísimo por conseguir el tesoro.

Igualmente y casi contemporáneo con el cura Enríquez fue el ilustre botánico español Anastacio de Guzmán y Abreu, llegado a Quito en 1801, hombre cultivado en las ciencias naturales y eruditísimo en botánica, que tuvo por discípulo al no menos ilustre José Mejía, a quien enseñó en Quito a "Herborizar". Guzmán se instaló en la capital y tuvo botica, allí trató al Barón de Humboldt, quien lo llegó a estimar tanto que públicamente reconocía a Guzmán como superior a Linneo en conocimientos.

Hacia 1804 Guzmán se trasladó con igual profesión de boticario a Latacunga, su vida era herborizar la mayor parte del día y clasificar por las noches las plantas que encontraba a su paso, pero todo esto cambió cuando llegó a sus oídos la existencia del tesoro de los Llanganatis. Entonces sacó una copia del Derrotero de Valverde y empezó a buscarlo, para cuyo efecto hizo varias entradas por la parte sur de Ambato, cerca de Mulaló y el páramo de Jaramillo y aunque no hallo oro, encontró varias minas de plata y cobre trabajadas en la antigüedad, pero la fragosidad del terreno y las dificultades propias del laboreo le impidieron beneficiarlas. Hacia 1806 dibujó las montañas de los Llanganatis y murió en 1807 "en el valle de Leyto, a unas cuantas leguas al este de Ambato, en una pequeña casa de campo ubicada en el sitio Leytillo o San Antonio; era sonámbulo y habiendo salido de su casa dormido cayó al fondo de un precipicio", no expiró enseguida, dejó de existir días después.

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Re: Derrotero de Valverde.

Mensaje por Pedro Cantú el Dom 28 Sep 2008, 1:18 pm

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EL TESORO DEL CORREGIDOR PASTOR 2° Parte

ULTIMAS NOTICIAS DEL TESORO
Cuando en 1807 murió en Leytillo el botánico Anastacio de Guzmán y Abreu, sus papeles con dibujos de plantas y la copia del Derrotero de Valverde pasaron a poder de las autoridades. Años después el Presidente de la Audiencia, General Toribio Montes, ordenó a sus subalternos que reanudaran la búsqueda del tesoro, pero en eso vinieron las guerras de la independencia y todo quedó en nada. Después de la batalla del Pichincha guardaba los papeles el Corregidor de Guaranda, Víctor Félix de San Miguel y Cacho, quien fue conminado por el Intendente del Departamento de Quito, General Vicente Aguirre y González, para que los entregara a la Universidad, donde dictaba una cátedra el Dr. Manuel Ángulo, que los revisó y guardó hasta su muerte. Entonces los heredó un hijo suyo, Canónigo en Quito, quien los dio en el lecho de muerte a su ahijado el abogado y doctor Cruz Rivera, que por consejos del historiador Celiano Monge se los regaló al Arzobispo González Suárez. Muerto el Arzobispo, pasaron a Monseñor Manuel María Pólit y luego a su pariente el Padre Aurelio Espinosa Pólit, quien en alguna ocasión se los mostró a Jacinto Jijón Caamaño, rogándole que escribiera algo al respecto, pero nunca lo hizo.

En cambio el Mapa de Guzmán, por alguna razón que no se conoce andaba por cuenta propia y terminó en manos del Dr. Salvador Zoilo Ortega, que lo conservaba en Quito muy destruido y roto en ocho pedazos pegados a un trozo de zarasa. Este Mapa está realizado con lápiz de tinta india, los caminos y techos de las casas son colorados y los nombres también y aunque originalmente fue escrito con claridad, se halla en muchas instancias apenas legibles, por el desgaste y por el uso que le han dado. Así lo vió Luciano Andrade Marín, recopilador de historias en su obra "Llanganati".

Se supone además que de este Mapa saco copia el sabio Richard Spruce cuando visitó el Ecuador en 1862, la que envió como descubrimiento valioso a la "Royal Gcographical Society" de Londres donde se conserva. Varias compulsas se han obtenido para investigadores europeos y americanos interesados en el Oro del Inca y por tal motivo, ahora más que nunca, el tesoro de los Llanganatis es conocido en el mundo, despertando la curiosidad de los aventureros más audaces y mejor dispuestos a desafiar las inclemencias del clima helado de esas montañas, con tal de dar con las riquezas.

Mientras tanto los descendientes del Corregidor Pastor en el Perú, apurados por rescatar el depósito efectuado por su tatarabuelo, comenzaron en 1942 por publicar una obra con la lista completa de ellos, genealogía que despertó la curiosidad de sus agnados y cognados en varias repúblicas de Sudamérica, quienes también están dispuestos a reclamar.

En 1956 hicieron una reclamación formal al "Royal Bank of Scotland" utilizando los servicios de un staff de abogados de Londres y aunque movieron numerosas influencias, aun del orden diplomático, sólo recibieron negativas de los funcionarios del Banco, quienes dijeron que nada sabían porque sólo acostumbraban llevar registros de hasta cien años de antigüedad. Disculpa nimia y hasta tonta en tratándose de un capital tan fuerte como el que se dice que embarcó el corregidor en Lambayaque.

También los Pastor del Ecuador al tener noticias de estos incidentes decidieron hacer su árbol genealógico y hasta tuvieron varias reuniones en Quito, congregándose algunos cientos de personas. El árbol fue enviado al Perú y debe estar en Lima esperando que salga el dinero para el reparto.

Y habiendo tratado del oro, hablemos algo sobre la cordillera de los Llanganatis, parte de la Cordillera del Cóndor, llamada también el tercer ramal de los Andes en el Ecuador; inhóspita región que está como encunetada entre el ramal oriental y el tercer ramal propiamente dicho, pues existen más de cien kilómetros de distancia entre ambas cordilleras. La hoya que queda formada es un vertedero de agudos torrentes, bravíos despeñaderos y abismos sin fondo, tapizados de azuladas lagunas situadas en pequeños cráteres o en las laderas de picachos prácticamente inaccesibles. Para atravezar la zona se requiere de enorme resistencia y mucho valor. Cada paso puede resultar en falso y ser mortal. Por la mañana hay una espesa neblina que impide toda visibilidad. Al mediodía el sol aparece por escasos minutos y entonces el paisaje es inmenso y la sensación de soledad completa. No se escucha un solo ruido y casi no hay mayor vegetación. Por la tarde vuelve la neblina opaca y comienza el frío que se acentúa en las primeras horas de la noche y dura hasta la madrugada.

En este páramo sin fin, en alguno de sus lugares bien puede estar esperando el fabuloso tesoro del Inca, que el codicioso Pastor arañó muy poco, por no decir casi nada, entre 1792 y el 93.El problema es ir a buscar y encontrarlo.



http://www.ecuadorprofundo.com/tomos/tomo1/e12b.htm


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Capitulo 4 del libro "Lago Agrio"

Mensaje por Pedro Cantú el Dom 28 Sep 2008, 1:36 pm

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4. Los Ati y el derrotero del padre Valverde

Viejas tradiciones indígenas permanecieron vivas en el pueblo hasta finales del siglo pasado, cuando por fin los investigadores fueron recogiéndolas en libros de apuntes para la historia del Ecuador. Descendientes directos de los que fueron caciques de la región contaban que el antiguo rey de Píllaro de San Miguel y de Mulalillo con Panzaleo, se llamaba Pillahuaso Ati, hijo del Pillahuaso Ati de San Miguel. El Pillahuaso se casó con la primitiva reina Choazanguil de Huainacusi, y fue taita de la hija que un día se casó con el Inca Huayna Capac; de su casamiento nació en Píllaro el general Rumiñahui.

Esta afirmación que hace un miembro de vieja y noble familia india parece convincente, porque cuadra con las dotes de poder de que Rumiñahui hace demostración, no solamente antes de la caída del emperador, como general suyo que es, sino después también.

Coinciden las versiones históricas de uno y otro bando, español e indio, en afirmar que la entrevista de Atahualpa con Pizarro responde a una estrategia que aquel había planeado para emboscar al pequeño grupo de invasores, las huestes de Pizarro, a quienes Rumiñahui con el grueso de su ejército encerraría por sorpresa. Francisco Pizarro se adelantó y apresó a Atahualpa con mayor rapidez. Si bien el emperador fue hecho prisionero, Rumiñahui quedó suelto y organiza de inmediato la resistencia y, a la vez, la independencia de lo que eran sus dominios, precisamente todo el reino de Quito. ¿Por qué esta doble acción política de enfrentarse a los españoles, por un lado y al resto del imperio Inca, por el otro? Hay que pensar que Rumiñahui se sentía con poder real para hacerlo. La reacción contra los españoles es de obvio razonamiento; pero para responder a la segunda pregunta hay que dar por supuesto que Rumiñahui estaba emparentado con la cúpula del poder que aspiraba al bastón de mando del Tahuantinsuyu. Muerto a su vez Huáscar por el otro ejército de Atahualpa, que había tomado el Cuzco capitaneado por Quisquis, quedaba Rumiñahui siendo, quizás, la cabeza más alta en el imperio Inca completamente desmembrado.

Desde noviembre de 1532, en que Pizarro apresa a Atahualpa, hasta agosto de 1533, en que lo ejecuta, pasaron nueve largos meses del trágico final del imperio de los Andes. En este tiempo Pizarro se dedica a adueñarse de la gran confederación del Tahuantinsuyu, etnia por etnia, ya con razones ya con armas, y Rumiñahui a lo mismo además de hacer acopio de oro con que subvencionar la libertad de Atahualpa.

El prefinal de esta tragedia fue la ejecución capital de Huáscar en el Cuzco; y se cerró cuando, ese día veintinueve de agosto, Francisco Pizarro cortó el cuello de Atahualpa Inca.

Recapitulando esta apretada historia, el ilustre Ati apodado Rumiñahui es del tronco de los Ati Reyes de Píllaro; muy probablemente hijo de princesa Ati y de la convivencia de esta con Huayna Capac, en los tiempos en que sentó sus reales por la conquistada y federada provincia de Quito. Por esta doble razón de familia -Ati e Inca-, Rumiñahui asume decidido la empresa de reconquistar la parte del Tahuantinsuyu que ya sabe ocupada por los extranjeros blancos. Grandes caciques se unieron a él, Nazacota, Jacho y Ati, Zopozopangui, Pintac, Quimbalimbo, Chaquitinta, Nuenango, los Angos, Mainaloa y otros viejos enemigos de etnias que, como los bravos cañaris, antes habían estado aliados con los blancos para independizarse de los incas.

Hay una muy larga y cruel guerra que el conquistador español Sebastián de Benalcázar mantiene contra Rumiñahui; son más de dos años persiguiéndolo a él y su tesoro, a fuerza de espías y delatores, a fuerza incluso de torturas. Más de una vez lo asedia, a Rumiñahui, en las varias fortificaciones que los incas habían construido y era el indio, con su habilidad, quien conseguía escabullirse; pero su tropa era demasiado mermada a medida que presentaba una nueva batalla. El apresamiento definitivo del sinchi, del rey Ati e Inca Rumiñahui, no deja de estar enredado en la misma incertidumbre que tienen todas las leyendas; lo más probable es que muchos de sus guerreros en el momento de ser apresados o muertos confesaran ser el idéntico Rumiñahui, precisamente para defender la propia identidad del auténtico. Lo que sí es evidente, por todos los testimonios conocidos, es que la misma obstinación que Benalcázar tenía por apoderarse de los tesoros la tenían también los indios por ocultarlos. Solamente pequeños pellizcos de oro y plata eran el fruto de esta persecución incansable, conseguidos con la confidencia casual de algunos. Uno, que era de la provincia de los carates, dijo que él sabía donde estaba el tesoro escondido; fueron allí y hallaron once cántaros grandes de plata y tres de oro; y preguntándole por lo demás dijo que cada señor escondió el tesoro.

El indio Cantuña, que era niño por esta fecha y que años después terminó viviendo en el convento de franciscanos de Quito, también vio algunos señores indios cómo y dónde escondían su tesoro.

El gran señor Ati Rumiñahui, ... ¿ Dónde escondió el suyo?

Píllaro, la patria chica del Ati Rumiñahui, es hoy la capital de su demarcación cantonal, en la provincia de Tungurahua. Su población anda por los ocho o nueve mil habitantes.

En el mapa catastral minero del Ecuador, en su edición de diciembre de 1981, figura un permiso de explotación minera –en trámite todavía en ese año– sobre una superficie aproximada de treinta kilómetros cuadrados, denominada Cerro Hermoso, y que pertenece a este cantón de Píllaro. Otros mapas y libros menos especializados caracterizan esta región como productora de ganado y minas de oro y plata.

El Cerro Hermoso es la montaña central de la cordillera de Llanganati, que no es exactamente una cordillera sino un sistema raro de tres sierras agrupadas, metidas en esta parte del callejón interandino y que salen como ramificaciones de la Tercera Cordillera de los Andes ecuatorianos. Los que conocen este lugar de los Llanganati, que no son muchos, coinciden en señalar que se trata de una especie de oasis geológico dentro del mundo de los Andes.

Esa protuberancia del planeta, que dio origen al alargado continente americano, se caracteriza por ser una formación que vive en perpetuo movimiento geológico: Los Andes no están quietos, todavía no están parados. Las carreteras que se trazan por los altiplanos y los valles interandinos se mueven; las obras hidráulicas de canalizaciones, construidas en hormigón, se tuercen y se quiebran –ha ocurrido así en parte de la obra agrícola realizada en el Perú–; los nevados se calientan de vez en cuando y dan origen a nuevas e inmensas corrientes de aluviones. Todo el sistema andino es un promontorio de rocas partidas, rotas; son la cicatriz de una gran rotura de la corteza terrestre, de la que surgieron los grandes agujeros volcánicos. A su alrededor se amontonaron los escombros de esta rotura y formaron la ingente cordillera. Rara vez se ven rocas sólidas en los Andes; todo está cuarteado, calcinado o triturado.

Los cerros y los picos de los Andes volcánicos son formados de arriba para abajo. Los de Llanganati, en cambio, son de abajo para arriba. Hay observadores extranjeros que quieren singularizar los Llanganati diciendo que son los Andes alpinos; pero es necesario insistir en que son más diferentes aún, son exclusivamente Llanganati: Un modelo nuevo de arquitectura de las montañas.

Si la peculiaridad geológica es tan interesante no lo es menos su climatología; ni una sola de las historias que te cuentan de Llanganati se salva de venir envuelta en una espesísima niebla o en tempestades que suenan a hecatombes. Llanganati es un gran misterio; y la gran razón por la que este misterio sigue siéndolo es que a muchos de los que entraron en Llanganati no se los ha visto salir. Por cada excursionista que queda dentro el enigma aumenta.

Desde siempre Píllaro ha sido el punto de partida hacia Llanganati y resulta que no existe otra entrada que ésta.

Llanganati es un lugar seguro para esconder algo. Más que escondite puede ser un sepulcro definitivo, una tumba insondable donde lo que caiga una vez difícilmente puede ser extraído nunca.

Dicen que se dan allí temperaturas polares junto con tormentas asombrosas; que las inundaciones son sorprendentes y se acompañan de ruidos sobrecogedores; que la vegetación es sumamente extraña, que el musgo es tan crecido que puede hundir en él a un ser humano y puede cubrir la boca entera de un abismo.

¿Qué hay dentro de Llanganati que atrae con tal fuerza a los aventureros, cuando se sabe que entrañan tanto peligro?

Desde hace cuatrocientos años hay una leyenda, una tradición oral y escrita, que habla de las incursiones a las misteriosas montañas de los Llanganati; porque allí, supuestamente, fue enterrado por Rumiñahui una parte del tesoro impagado por el rescate de Atahualpa. Ese fabuloso tesoro, que un ejército de indios llevaba a Cajamarca, fue ocultado en Llanganati, en lugares que solamente el Ati Rumiñahui conoció muy bien, el Ati señor de aquellas tierras, el Ati descendiente de los Atis de Píllaro, de Pillahuaso. Allí, decididamente, el Ati Rumiñahui escondió las riquezas todas que estaba dispuesto a entregar para recuperar a su soberano; lo hizo para que nadie se las cobrara.

¿Y qué significa la palabra Llanganati, que para el profano no dice más que el nombre de un siniestro paisaje montañoso en el que desaparecen excursionistas y acompañantes?

Dejemos fijado definitivamente ese lugar geográfico, Llanganati, en el triángulo formado por Latacunga, Baños y Puyo, donde la Cordillera Occidental o Real se anuda y produce una tercera cordillera, limitando ya con la selva amazónica de las cuencas del Napo y el Pastaza.

En enciclopedias, mapas, e incluso algunos libros de texto antiguos del Ecuador, como el de Maldonado y Sotomayor, aparece una denominación diversa y confusa: Llanganates y Llanganatas. El significado etimológico nos conduce a fijar también el correcto nombre geográfico, el que sin duda tuvo siempre, el original. Richard Spruce y James Orton yerran el tiro apuntando hacia vocablos aborígenes que para ellos resultan equívocos y que conducen a una errónea interpretación de la palabra Llanganati.



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Re: Derrotero de Valverde.

Mensaje por Pedro Cantú el Dom 28 Sep 2008, 1:37 pm

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No se precisa demasiada listeza para intuir que la terminación de este nombre -ATI- suena igual que el de la regia estirpe del Píllaro indígena, los Ati, y que algo o mucho tendrán que ver cuando, además del parecido fonético, coinciden también en el tiempo y el espacio, perteneciendo a la misma geografía y al mismo momento histórico. Vamos a mantener el supuesto inicial de que el nombre Llanganati está formado por la aglutinación de las dos palabras Llangana y Ati, y que la ortografía desglosada de este nombre, en su sentido original, fuera Llangana-Ati. Veremos si al final este supuesto tiene sentido.

Escrito Ati con inicial mayúscula resulta idéntico al gentilicio de los Ati de Píllaro; así es que lo vamos a dejar tal cual, de momento. Nos queda, pues, interpretar una palabra más corta ya: Llangana. Por corta que sea esta palabra, de tres sílabas, aún resulta larga para la lengua quechua; y se da además la casualidad de que la terminación "na" es, puede ser, una partícula gramatical de esta lengua, pero con un significado conceptual más amplio que el que tienen las preposiciones –en este caso no "pre" sino "post" posiciones– de la gramática del castellano.

La partícula "na", en el quechua cuzqueño y en el quichua de Quito, designa el sitio de producción de algo, de laboreo o de procedencia de una cosa, o el lugar de actividad de un sujeto.

El uso de esta partícula es tan común que no es necesario estar familiarizado con el quichua para comprenderlo; atendiendo a la gran cantidad de palabras que actualmente se utilizan para designar lugares, resulta ser más que verosímil la versión de "na" como preposición gramatical del lugar. Antisana, por ejemplo, es el país de origen de los Antis; Cundurguachana es el paraje o lugar donde anidan los cóndores; Ayasamana es el lugar donde reposan los muertos.

Llanga es un nombre sustantivo del quichua quiteño, equivalente a Llanka en el quechua de Cuzco. Por lo general, en todas las palabras del quechua la "k" se suavizó en "g" al ser hablado por los indios de Quito.

Llanka o Llanga, tanto en quechua como en quichua, significa jarro de cerámica, arcilla, tierra, mineral. La forma verbal correspondiente a este sustantivo es Llankai o llangai y significa laborar, o trabajar. En quechua la partícula na, puesta en lugar de la "i" del infinitivo, forma sustantivos que significan el instrumento con que se ejecuta algo y/o el lugar donde esa acción se realiza.

El reino de Quito, el preincaico, fue un país de poderosa minería y metalurgia. Teniendo en cuenta que referida a Llanganati la llanga tierra tiene muy pocas posibilidades como cultivable -o ninguna-, es casi una obviedad aceptar ésta con el significado de tierra mineral en vez de tierra de labor agrícola.

Desglosada la palabra en las tres partes que la componen Llanga - na - Ati, y conocido el significado de cada una de esas partes, tenemos la traducción de todo el nombre completo: "lugar de laboreo minero del Ati"; más castellanizado, podría ser: la mina del Ati, la fundición del Ati o la fragua del Ati.

Desde finales del siglo XVIII hasta el año setenta de este siglo se pueden contabilizar cerca de cincuenta expediciones a los Llanganati, de ellas más de treinta con predominio de participación extranjera; y el resto, algo más de una docena, fueron protagonizadas por ecuatorianos e hispanos de otros países.

La más documentada de todas ellas es la efectuada por el investigador quiteño Luciano Andrade Marín, en 1933 y 34, quien en compañía de dos italianos, Humberto Re y Tullio Boschetti, anduvo un mes y medio por la región de Llanganati. Este erudito aventurero, Andrade Marín, publicó por dos veces las experiencias e impresiones de aquel viaje, en 1937 y en 1970. De la expedición hay más de un centenar de fotografías interesantes. La mayor dificultad que todos los aventureros han encontrado en Llanganati ha sido enfrentarse allí, de pronto, a un mundo totalmente desconocido, ni sospechado siquiera. Cada cual ha pretendido saber demasiado sobre la antigua guía que existe al respecto, el famoso Derrotero del Padre Valverde, y manejarla como si se tratara de una moderna guía de montaña, cuando en realidad el dicho Derrotero es poco menos que una guía esotérica.

Para comprender el Derrotero es preciso haber comprendido antes a Llanganati como tal; y esta premisa, que es ineludible, es la mayor causa de fracasos al ser olvidada.

El Derrotero de Valverde encierra en sí, de una manera un tanto cabalística, datos suficientes para acceder al conocimiento de Llanganati y de aquello que Llanganati significa. Pero se revela tardíamente a los curiosos, reservándose ante los que quieren comprobarlo precozmente. Es preciso acercarse antes al cuerpo de los Llanganati y meterse muy en ellos para luego comprender bien el espíritu del Derrotero. Y tal vez al final, y únicamente al final, una luz se abra espontánea sobre todo el contenido como una revelación, como una comprensión definitiva.

El Derrotero del padre Valverde, que fueron las primeras palabras de aquella noche inquietante en mi habitación del hotel, había sido, también, siglos atrás, el inicio de la leyenda de los Llanganati.

La verdadera historia del Derrotero se pierde en la noche de los tiempos conquistadores y coloniales. Es absolutamente preciso dar con el auténtico original para hablar con certeza de su edad y de su contenido. Es necesario introducirse en el Archivo de Indias, dispuesto a gastar mucho tiempo rebuscándolo entre los miles de legajos y entonces, quizás, al pie de la última línea, junto a la firma de su autor, habrá una fecha que, aun sin estar escrita, ayude a su datación.

Situados en el pueblo de Píllaro.....

Estas eran las palabras enigmáticas a pronunciar para trasladar el ansia al lugar de la aventura, al escenario real de la leyenda.

Después de tantos días y noches viviendo esta obsesiva historia de Llanganati, no podía por menos de sentirme agraciado al tener por fin en mis manos el famoso Derrotero en letras impresas. Muchos han oído hablar de él pero muy pocos lo han visto y los más ya han olvidado cundo y cómo lo vieron. Llegó a mí gracias a Miguel -el director de fotografía de nuestro equipo- quien, a su vez, lo trajo prestado de manera muy confidencial por un guía turístico orgulloso de poseer tan raro ejemplar. De pronto le da a uno la impresión de que está ante un viejo catecismo escrito por un cura iluminado, por un santón, un clérigo de tez morena, manos rudas y palabras graves, como debían ser los de antaño en esas tierras, mirada penetrante y presencia que infunde respeto y veneración.

El Derrotero Del Padre Valverde.

Me puse a leerlo con tal avidez que, en principio, no conseguía enterarme de su contenido.

Algo hay en este texto que no puede comprenderse a primera vista, algo que necesita de la experiencia y el conocimiento de los iniciados para acceder a su comprensión, algo que impide que cualquier extraño pueda interpretarlo siquiera someramente. Y este algo se percibe aunque sea sin sentir el olor y el tacto de los viejos manuscritos, ese tufillo que desprenden todos los documentos que permanecen olvidados durante largo tiempo y que, de pronto, aparecen ante uno surgiendo de bajo un soplo de polvo.

Dice así:

Situados en el pueblo de Píllaro, preguntad por la hacienda de la Moya y dormir la primera noche a buena distancia sobre ella y preguntad allí por la montaña de Guapa... desde cuya cima, mirando al Este y teniendo Ambato a la espalda, podréis divisar los tres Cerros Llanganati en la forma de un triángulo, en cuyos declives hay un lago, hecho por la mano del hombre, dentro del cual los antiguos arrojaron el oro que ellos habían preparado para el rescate del Inca cuando ellos supieron de su muerte. Desde el mismo cerro Guapa también podrás ver la selva, y en ella un manchón de sangurimas que sobresalen de la dicha selva, y otro manchón que llaman flechas, y esos manchones son la marca principal por la cual te guiará, dejándolos un poquito a mano izquierda. Id adelante desde Guapa en la dirección y según las señales indicadas, y después de que hayáis avanzado un buen trecho, y habiendo pasado algunas haciendas de ganado, encontrarás el borde de un dilatado pantano sobre el cual tendrás que cruzar y, saliendo al otro lado, verás a mano izquierda un pequeño camino fuera de un juncal sobre una ladera, por el cual tendrás que pasar. Habiendo salido del juncal veréis dos pequeñas lagunas llamadas Los Anteojos, por tener entre ellas una punta de tierra como una nariz.

Desde este lugar podréis otra vez divisar los cerros Llanganati, lo mismo que los visteis desde la cima de Guapa, y os advierto que dejéis las dichas lagunas a la izquierda, y que al frente de la punta o nariz hay un llano, que es el lugar de pasar la noche. Allí deberéis dejar vuestros caballos porque no pueden ir más adelante. Siguiendo ahora a pie en la misma dirección saldrás a una gran laguna negra, la cual dejarás a la mano izquierda y, más allá de ella, trata de descender por la ladera, de tal manera de llegar a una quebrada por la cual baja una chorrera; y aquí encontrarás un puente de tres palos, o si este ya no existe, pondrás otro en el lugar más conveniente y pasarás sobre él. Y habiendo proseguido un corto trecho dentro del bosque, buscad la choza que servía para dormir o los restos de ella. Habiendo pasado allí la noche, seguid adelante en vuestro camino al día siguiente a través del bosque en la misma dirección, hasta que llegues a otra quebrada profunda y seca, a través de la cual tendrás que tender un puente y pasar sobre él, despacio y con mucha cautela, porque la quebrada es muy profunda; esto es si no logras hallar el paso que existe. Seguid adelante y buscad los restos de otro lugar de pernoctar, el cual, os aseguro, no dejaréis de hallar por los fragmentos de ollas y otras marcas, porque los indios pasan continuamente por allí. Proseguid adelante y veréis una montaña toda ella de margasitas, la cual dejaréis a vuestra mano izquierda, y os advierto de rodearla en esta forma de G. A este lado encontrarás un pajonal en una pequeña llanura, la cual, habiéndola pasado, llegarás a un encañonado entre dos colinas, el cual es el Camino del Inca. Desde allí, conforme sigas, verás la entrada del socavón, que es en la forma de portada de una iglesia. Habiendo salido del encañonado e ido una buena distancia más allá, percibirás una cascada que desciende de un hijuelo del Cerro Llanganati y corre dentro de una tembladera a la mano derecha; y sin pasar el arroyo, en dicha tembladera hay mucho oro, de manera que poniendo en tu mano lo que tú puedas empuñar, al fondo todo es granos de oro. Para ascender la montaña, dejad la tembladera y seguid por la derecha y pasad sobre la cascada, yendo alrededor del hijuelo de la montaña. Y si por casualidad la boca del socavón estuviese cerrada con ciertas yerbas que llaman salvaje, quitadlas y hallaréis la entrada. Y a la mano izquierda de la montaña podréis ver la guayra (porque así llamaban los antiguos al horno donde ellos fundían metales), que es tachonado de oro. Y para llegar a la tercera montaña, si no pudierais pasar al frente del socavón, es la primera cosa pasar detrás de él, porque el agua de la laguna cae dentro de él.

Si os perdiereis en la floresta, buscad el río, seguidlo a la mano derecha más abajo, tomad la playa, y llegaréis al encañonado en tal suerte que, aunque intentes pasarlo, no hallaréis por dónde; trepad por lo alto, la montaña a la mano derecha, y de esta manera de ningún modo podrás perder el camino.

Mandó el Rey de España a los corregidores de Latacunga y Ambato que buscasen el tesoro, cuya orden y guía se conservaron durante mucho tiempo en los archivos del Cabildo de Latacunga, hasta este siglo en que se pierde su rastro.

Pero, .... ¿Quién era el padre Valverde, autor de este Derrotero de Llanganati?

Me sentía tan preso de estas preocupaciones que, una vez tuve leído el Derrotero, quise inmediatamente salirme de ellas. Pero sé muy bien que antes de acercarme a Llanganati yo intentaría con ahínco un primer acercamiento a su autor, ese misterioso cura, tal vez de Latacunga, que se marchó al otro mundo dejando aquí el tesoro del Inca dos veces sepultado.

Cuando pude por fin desentrañar todo lo que he contado de Llanganati, con la ayuda que me prestaron los demás, hice una reverencia, en forma de implorar perdón, a la primera noche de charla de Ernesto, después llamado Chivito y ahora querido amigo. Suele ocurrir con cierta frecuencia que, al no dejarse seducir en un primer momento, a la postre acaba uno por ser mucho más enamorado. El uno en este caso soy yo y el caso es Llanganati y mi amigo Chivito a partes iguales.

Aquella noche en que yo me agazapaba como espectador huraño y quería escaparme del cuento antes de que Ernesto empezara a hablar, cuando pronunció... El Derrotero del padre Valverde ..., lo oí como una campanada mezcla de madera y bronce, mezcla de un sonido profundo que venía de la antigüedad y de otro sonido más familiar, más tocante a mi tierra natal, a historias oídas por boca de mis abuelos, que me las referían al amor de la lumbre en las largas noches de invierno. Ese campanazo no dejó de retumbarme hasta que supe todo lo que quise saber. Lo he sabido después, meditando en todo lo que había escuchado. He sabido así que Llanganati tiene un hondo sentido, un profundo y sólido sentido histórico, que encierra en sus entrañas gran parte de las raíces históricas del antiquísimo reino de Quito.

Del secretismo de Llanganati aflora la lógica de la historia; y lo que solamente parece una leyenda adquiere la imponente fuerza de una verdad categórica.

Me había subyugado el enigma; me había cautivado la leyenda.



http://www.edym.com/books/esp/lago/elderrot.html

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Re: Derrotero de Valverde.

Mensaje por Pedro Cantú el Dom 28 Sep 2008, 2:01 pm

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LA CACERIA DEL TESORO

Publicado el 22/Agosto/1993 | 00:00


Quito. 22.08.93. Pero el Chaza Mateus no solo era inventor...
también era un aventurero.

En tiempos de Ayora, cuando él era muy joven y todo Quito lo
conocía por la moto bulliciosa en la que recorría la ciudad,
recibió el encargo de llevar unos documentos importantes desde
Quito a Guayaquil y, claro, él y un amigo suyo se lanzaron a la
aventura en moto por la recién estrenada carretera. Solo cuando
llegaron a Guaranda, perturbados por la insistente preguntadera
del empleado del telégrafo ("dice el señor presidente que a qué
hora van a salir"), se dieron cuenta de que don Isidro Ayora
había estado vigilando cada uno de sus pasos durante el viaje.

Mateus se entusiasmó con la idea de buscar tesoro

Después, mucho después, el Chaza Mateus se entusiasmó con la idea
de buscar tesoros. Empezó a recolectar todo el material
bibliográfico existente sobre tesoros perdidos en el Ecuador y se
puso a estudiar las leyendas sobre el tesoro de los Llanganates y
el del Atacazo. Esta investigación le llevó a enterarse de la
existencia del "derrotero de Valverde", un documento que, según
supo, contiene indicaciones (algunas verdaderas y otras falsas)
para llegar al tesoro de los Llanganates.

Entonces viajó a España y, junto con su esposa, pasó como dos
meses investigando en el Archivo de Sevilla en busca de ese
famoso derrotero. Los dos leyeron documentos y más documentos...
pero jamás encontraron el derrotero.

Sin embargo, el Chaza Mateus no se decepcionó. Continuó sus
estudios y recurrió después a famosos radioestesistas (personas
capaces de confirmar la presencia de un objeto a grandes
distancias) para preguntarles si había o no un tesoro allí, y
ellos le respondieron que sí, que ese tesoro existía.

Varias veces, el "Chaza" Mateus sobrevoló la zona donde él creía
que se encontraba el tesoro; llegó inclusive a elaborar una
maqueta con indicaciones exactas... estaba convencido de que a un
lugar tan inhóspito como ese era imposible llegar por tierra y
empezó a interesarse en la idea de explorar la zona con ayuda de
un helicóptero.

El último de sus inventos: sistemas para helicópteros

Precisamente de ese interés surgiría el último de sus inventos:
un nuevo sistema para el funcionamiento de helicópteros que
evitaría que estos aparatos fueran tan caros y de una
construcción tan difícil.

Esta creación sí llegó a patentarla, pero fue en ese mismo
proceso de obtener la patente que se encontró con todas las
nuevas cosas que se habían inventado al respecto y decidió
mejorar su invento.

A eso se dedicó los últimos años de su vida, convencido de que
solo así, algún día, iba a encontrar el tesoro de los
Llanganates... (2C)



http://www.hoy.com.ec/noticias-ecuador/la-caceria-del-tesoro-37705-37705.html

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Re: Derrotero de Valverde.

Mensaje por Pedro Cantú el Dom 28 Sep 2008, 2:25 pm

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El Derrotero de Valverde

Cuenta la leyenda que cuando Rumiñahui se enteró que Atahualpa había sido asesinado por los españoles, ordenó que se escondiera el tesoro del rescate en los Llanganates. Innumerables expediciones han buscado el tesoro, se dice que algunas lo han encontrado y han logrado sacar partes de él , pero la verdad es que la zona es tan inaccesible que muchas vidas se han perdido en el intento de encontrar el tesoro de Atahualpa.

Debido a la alta pluviosidad de este sitio se han formado varias lagunas. Es por este motivo que aquí se desarrollo uno de los primeros proyectos hidroeléctricos del país, el denominado PISAYAMBO. La ruta que les presentamos, utiliza la carretera utilizada para la construcción del proyecto hidroeléctrico antes mencionado.

Para poder iniciar la ruta, es necesario llegar a la ciudad de Píllaro, ubicada al Nororiente de Ambato. A la misma se puede llegar en un bus tomado en un desvío en la panamericana al norte de la ciudad de Ambato. El viaje dura 30 minutos.

A partir de aquí, la ruta parte de una altitud de 2800 metros. Se debe preguntar por Santa Rosa, Cruzpamba, y luego por la población de Poaló. Se sigue el camino y en el desvío a Poaló se toma a la derecha, para pasar por la famosa hacienda de ganado de lidia Huagrahuasi. Se continúa subiendo hasta llegar al páramo en donde se pasa por la laguna de Pisayambo y el camino continúa hasta el Río Milín, en donde termina el camino carrozable.

Este es el momento de un merecido descanso antes de emprender el retorno por el mismo camino.

Recomendaciones

Imprime una copia del mapa y llevatelo al paseo. Lleva líquidos y comida suficiente, además ropa abrigada y un impermeable. El clima puede cambiar rápidamente, tienes que estar atento a las posibles precipitaciones pluviales.

Mapa a detalle:
http://www.jazpm.addr.com/NEWMTB/htmlm/RUTAS/mainval.htm




http://www.jazpm.addr.com/NEWMTB/htmlm/RUTAS/valverde.htm


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Re: Derrotero de Valverde.

Mensaje por Pedro Cantú el Dom 28 Sep 2008, 2:35 pm

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ANTONIO PASTOR Y MARIN DE SEGURA
FUNCIONARIO.- Nació en Cartagena, España, en 1772 y fue hijo legítimo de Bartolomé Pastór y de Rosa Marín de Segura.

Posiblemente pasó a Latacunga hacia 1792 como Contador e Interventor de Rentas de dicho Asiento, comisionado para el beneficio de la canela en los parajes donde se daba ese específico; al año siguiente contrajo matrimonio con Maria Ruiz de Jiménez y Montesinos, hija de Juan Ruiz de Jiménez, Corregidor y Administrador de Tributos en Ambato y de su mujer Maria de Montesinos. Ruiz de Jiménez renunció el empleo en su yerno, quien pasó a reemplazarlo y se dedicó al mayor fomento de la empresa de cultivo y recolección de la canela que se producía en los montes de Cotapasa y Canelos.

En varios documentos que se conservan con su firma aparece acentuada la sílaba final de su apellido en franca contravención a las leyes de la gramática y posiblemente para enfatizar que así era como se lo debía pronunciar correctamente; mas, la tradición familiar deformó esa pronunciación y hasta la presente sus descendientes se dicen Pastor.

En 1797 dejó el Corregimiento, realizó numerosas exploraciones por los contornos e hizo varias entradas a las montañas de los Llanganatis, partiendo de la población de Píllaro que tomó por base.

En los primeros años del siglo XIX pasó posiblemente viudo y con hijos a residir en la villa de Lambayeque al norte del Perú, donde figuró de Alcalde Ordinario de ese Cabildo en 1803 y luego de Subdelegado del Partido. Estaba casado en segundas nupcias con Narcisa Martínez de Tejada y Ovalle en quien también tenia sucesión y falleció el 11 de Noviembre de 1804 allí, de su primer matrimonio tuvo varios hijos que han dejado sucesión en Ibarra y Quito principalmente y del segundo en Lima y Guayaquil.

Hasta aquí la historia, ahora vale la pena contar la leyenda. Resulta que por la época en que ejercía mando en Ambato, apareció un misterioso documento titulado "Guía o derrotero que Valverde dejó en España donde la muerte le sorprendió a él, habiendo ido desde las Montañas de Llanganati, a las cuales él entró muchas veces y sacó una gran cantidad de oro; y el Rey ordenó a los Corregidores de Tacunga y Ambato que buscasen el tesoro, cuya Orden y Guía se conservan en las oficinas de Tacunga".

El viajero ingles Richard Spruce, que visitó esas poblaciones entre 1858 y el 59, recogió como cierta la siguiente información: 1) A raíz de tenerse noticias del derrotero del oro del rescate del Inca Atahualpa el Corregidor de Latacunga en persona Spruce no da su nombre— hizo una primera expedición acompañado de un fraile de apellido Longo y habiendo llegado casi al final de la ruta, una noche, en forma por demás inesperada y misteriosa, desapareció el citado padre sin dejar trazas y a pesar de que fue buscado Jamás le descubrieron, de modo que se pensó que bien pudo haber caído a una de las quebradas cercanas al punto donde acampaban o a una de las cienegas que abundan por todos los lados de esa región de los Llanganatis, así es que la expedición regresó a Píllaro sin conseguir su objetivo.

Luciano Andrade-Marín en su obra "Llanganati" cree que bien pudo el Corregidor guardarse para sí el genuino derrotero de Valverde y dejar en la oficina de Latacunga una copia con la pista final falseada, para consumo de los oficiosos buscadores de tesoros, que habían de interesarse. Y esto lo dice Andrade-Marín porque las tres o cuatro primeras jornadas del Derrotero son de una exactitud pasmosa con relación a las realidades geográficas de la región, circunstancia que fascina y entusiasma a todos los aventureros.

De allí en adelante numerosos exploradores siguieron dicho derrotero y entraron a las misteriosas montanas en procura del oro del rescate del Inca Atahualpa. Entre ellos cabe mencionar en 1793 al Vicario y Cura de Píllaro Mariano Enríquez de Guzmán y cl naturalista Anastacio de Guzmán y Abreu entre 1801 y el 7 pues hizo varias entradas infructuosas, por mencionar solamente a los primeros.

A todo esto bien vale indicar que el tal Derrotero, según la tradición llegó de España enviado por el mismísimo Rey para que fuere localizado el tesoro, cuya primera mención documentada se tiene por los papeles dejados por el cura Enríquez de Guzmán, por figurar entre los bienes de la mortuoria de Anastacio de Guzmán y Abreu, igualmente por la orden dictada por el Presidente de la Audiencia de Quito General Toribio Montes, de que se renueven las pesquisas y exploraciones para dar con el derrotero de Valverde, acompañando copia de dicho Derrotero en 1812.

Spruce se refirió a que el original había desaparecido de las escribanías de Latacunga cosa de veinte anos atrás, esto lo calculó en 1857. Otros que dieron informes sobre su existencia fue el Dr. Manuel Villavicencio y Montúfar en su Geografía del Ecuador publicada en New York en 1858. El famoso científico ingles Alfred Russel Wallace tomó de los manuscritos del finado Spruce vertidos al ingles, el texto completo del Derrotero de Valverde. También Pedro Fermín Cevallos en su Historia del Ecuador de 1870 escribió acerca de un prolijo itinerario a Llanganati y James Orton en "The Andes and the Amazonas" indicó que Valverde, en su lecho de muerte en Espana, había revelado el sitio donde estaban ocultos los tesoros del Inca, dando inicio a todas las leyendas y expediciones que no han cesado a través de los años; pues, se cuentan más de veinte las realizadas a los Llanganatis en los últimos cien años, únicamente con el fin de dar con el misterioso tesoro.

A estas alturas de la narración cabe explicar quien fue Valverde y si realmente existió, pues todo lo que se conoce acerca de su vida es una simple conjetura y no se ha encontrado ningún documento probatorio de su existencia. Andrade-Marín informa que según la tradición existió en la colonia un hombre de ese apellido, que siendo muy pobre se transformó de la noche a la mañana en personaje riquísimo y regresó a España donde murió. Dicha riqueza se le atribuía a que habiéndose casado con una india, el padre de ella Cacique de Píllaro, le llevó varias veces a unos agrestes parajes de los Llanganatis, mostrándole el sitio en que estaban escondidos parte de los objetos de oro acumulados por los indios de Quito para el rescate del Inca Atahualpa y que Valverde, ya en su lecho de muerte, había revelado su secreto en un Escrito destinado al Rey Carlos IV de España, conteniendo su Guía o Derrotero.

Y de no haber sido por dos sucesos diferentes pero conectados íntimamente entre sí, no cabría seguir sobre el tema; mas he aquí que el mismo Andrade-Marín en el Apéndice No, 1 de la segunda edición de su libro, Quito, 1970, declara que en 1954 había adquirido un antiguo plano dibujado a colores en 1793 por el Vicario y Cura de Píllaro Mariano Enríquez de Guzmán, para ilustrar a la superioridad sobre su Expedición a los Llanganatis realizada ese año, siguiendo el derrotero de Valverde. Lamentable sólo pudo conseguir el Plano y no el Informe narrativo, que fue vendido por los herederos de Lorenzo Gortaire Viteri al Conde sueco Stellan Moerner, aficionado a aventurar en Llanganati. Gortaire los había conseguido de manos de su amigo el historiador ambateño Celiano Monge, que se los había enviado en obsequio a principios de siglo. Sin embargo, este Plano, confirma lo dicho por Spruce en el siglo pasado y constituye una prueba fehaciente de la existencia de un Derrotero original hoy perdido. El otro acontecimiento que vino a sumarse a esta cadena de sucesos concomitantes, fue la publicación aparecida el 27 de Octubre de 1965 en el vespertino "Ultimas Noticias" de Quito, sobre la reclamación de los descendientes peruanos del Corregidor Pastor al "Royal Bank of Scotland" de Edimburgo.

Dicha reclamación tiene por fundamento un Poder extendido por los cónyuges Pastor Martínez de Tejada a favor de Francis Mollison para que deposite en el navío "El Pensamiento" capitaneado por John Doigg y John Fanning, varios cajones conteniendo barras de oro y plata, gran cantidad de esmeraldas y otras piedras preciosas, preseas de los mismos metales, oro en polvo, collares, mascaras de oro, vasijas incásicas, etc. con cargo al citado Banco, para que dicha fortuna avaluada en cuatrocientos sesenta millones de libras esterlinas fuere repartida a nombre de Narcisa Martínez de Tejada entre los descendientes Pastor de la quinta generación tanto legítimos como naturales, incluso se llegó a asegurar que una de ellas, llamada Violeta Aguilar de Cáceres, poseía los documentos que acreditaban la existencia del tesoro en el Banco.

La noticia causó revuelo no solamente en la capital sino también en el resto del país y prontamente hubo reuniones de descendientes para inscribirse como posibles herederos. Mas, han pasado los años y solo se ha conocido que los Gerentes del citado Banco escocés, al ser preguntados oficialmente por el dicho tesoro, manifestaron que en el Banco no existen registros tan antiguos, dando por concluido el problema.

Y aquí hubiera terminado este interesante caso de no haber surgido una nueva evidencia en Quevedo, donde habitaba muy anciano y por 1960 el Comandante George M. Dyott, celebre explorador británico, quien había revelado lo siguiente: "Que al perderse en las selvas del Matto Grosso el Coronet ingles Fawcett el año de 1925, fue encargado por su familia y por la Lloyd's de Londres para conseguir las pruebas de su muerte y como así lo hiciera, adquirió justa fama. Que a consecuencia de ello, una noche en Londres, al salir del Teatro de la Opera, se topó en la puerta con uno de los nietos del celebre Richard Spruce, quien le invitó a la biblioteca de su mansión donde le mostró una carta dirigida a su abuelo, muchos años atrás, desde Panamá, pero cuando llegó la carta a Londres Spruce ya había muerto. En ella se decía que a consecuencia del financiamiento de una expedición del viejo Spruce a los Llanganatis, dos viajeros, un ingles Chapman y un holandés Blake, habían entrado con gran éxito, pero que a la salida Chapman había muerto de pulmonía en la sierra y Blake regresaba con noticias a Europa. Este ultimo era el autor de la carta firmada en Panamá.

Spruce les había entregado el plano o Derrotero de Valverde, donde todo aparecía correctamente menos un sitio en que había que ir 4—PL y buscar por la mujer reclinada que se presenta en un perfil del cerro. La carta decía que el holandés llevaba una muestra maravillosa de lo que habían hallado y que existía tal cantidad de oro que ni cien hombres podrían sacaría; sin embargo, justamente por ello, Blake fue lanzado al mar, posiblemente para quitarle dicha muestra. Su muerte había sido posible conocer por diligencias del nieto de Spruce.

Con estos antecedentes Dyott aceptó su ofrecimiento y viajó a los Llanganatis por dos ocasiones entre 1946 y el 47, saliendo desde el pueblo de Píllaro, y tuvo como proveedor de víveres a un comerciante de apellido Villacrés, en dicha localidad. En la primera ocasión Dyott se rompió una pierna y en la segunda regresó con una fuerte hemorragia nasal, enfermó seriamente del estomago y tuvo que internarse en una clínica de Quito, decidiéndose a abandonar el caso por resultar sumamente riesgoso. Para colmo de tanto misterio, Dyott agregaba que Blake, durante su ultimo viaje, hallándose un tanto borracho se le había ido la lengua, indicando detalles de su aventura y mostrando los croquis y documentos que llevaba consigo. Esta indicación suya parece que indujo a alguno de los que le oyeron a aprovecharse de su estado para quitarle lo que tenía y luego arrojarlo por la borda al mar, años después se apareció por Píllaro un cierto americano, a quien Dyott señaló como posible biznieto del asesino, con el ánimo de expedicionar a los Llanganatis, portando consigo varios documentos antiguos que le iban a ser de utilidad para identificar el camino, pero parece que a pesar de ello no dio con la ruta adecuada y regresó sin nada en las manos.

La lista conocida de las múltiples expediciones a los Llanganatis, desde la primera del Vicario y Cura Mariano Enríquez de Guzmán en 1793 hasta la de 1969 pomposamente llamada Anglo Ecuadorian Llanganati Expedition, la trae igualmente Andrade-Marín en su obra, que es una de las clásicas del país, no solamente por las noticias raras que contiene, por su valor científico y la novedad del tema, sino también por la sugestiva forma con que fuera escrita en estilo hermosamente literario, llano y comprensible para los múltiples ciudadanos extranjeros que se han interesado en ella. Demás esta que indique el hecho de haber sido don Luciano un sabio en muchos aspectos, cuya biografía puede hallarse en el tomo VI de este Diccionario, pues aparte de sus conocimientos científicos, históricos y artísticos, expedicionó varias veces y descubrió en nuestro oriente la existencia del tercer ramal de la Cordillera de Los Andes, llamado Cordillera del Cóndor, como en 1942 después lo confirmaron los ingenieros de la Compañía Shell.

Y para terminar sobre el tesoro del Inca, cabe indicar que el indio Cantuña, hijo del guerrero Huaica, uno de los seguidores de Ruminahui, a quien ayudó a sepultar los tesoros, incendiar Quito y retirarse a las montañas, fue recogido por el Capitán español Hernán Juarez, que le enseñó a leer y a escribir y le trataba bien, razones que motivaron a Cantuña para expresar su agradecimiento indicándole donde se hallaba parte del tesoro, con lo que ambos pasaron a ricos, pues en un sótano construido exprofeso fundían el oro indígena en lingotes que luego cambiaban por monedas. Juarez murió hacia 1550 de enfermedad natural, dejando a Cantuña por único heredero, pues nunca había tenido descendientes. Cantuña llegó con el tiempo a donar una gran cantidad de dinero a los franciscanos para la construcción de una capilla adyacente al templo, que hasta nuestros días se la conoce con el nombre de Capilla o Iglesia de Cantuña, la cual hicieron propia los indianos.

Cantuña falleció en Quito en 1574 gozando de la protección de los franciscanos y con fama de filántropo y benefactor insigne, pero ha persistido la leyenda de que su dinero lo recibió por un pacto con el diablo y que solamente pudo salvarse a ultima hora, cuando en noche lúgubre talló una cruz en una de las piedras, para evitar que el demonio pudiera colocar la última correspondiente sobre ella y así, con tan inteligente estratagema, evitó que el diablo triunfara en su ofrecimiento de construir la iglesia en una semana y se lo llevara a los quintos infiernos, como justo pago del cumplimiento de la promesa efectuada.


http://www.diccionariobiograficoecuador.com/tomos/tomo9/p2.htm


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Re: Derrotero de Valverde.

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