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El Tesoro de la Cueva de los Gatos

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El Tesoro de la Cueva de los Gatos

Mensaje por Jose Alcaraz el Mar 07 Mayo 2013, 4:38 pm

El Tesoro de la Cueva de los Gatos
Escrito por administrator
Jueves 26 de Marzo de 2009 16:04
El padre llamándome aparte me preguntó si sería prudente que nos informara sobre una relación que un anciano le había dado, mi interlocutór temía que mis compañeros lo tomaran por embustero o cuando menos exagerado, a el mismo le parecián fabulosas las aseveraciones del viejo, le aseguré que mis compañeros y yo estamos acostumbrados a escuchár toda clase de versiones y nos impresiona poco la vehemencia con que algunas personas nos han comunicado información que a todas luces se nota que no es otra cosa que producto de la fantasía, algunas gentes en su afán de salír de su precaria situación económica se dán a urdír historias que ellos mismos quisieran creér.
Nos reunimos con el resto de la pandilla y después de ponerlos al tanto de la novedád nuestro anfitrión completó su informe de esta guisa: Un anciano oriundo de Colima que había estado avecindado en el poblado de El Llano, conoció al nieto de uno de los asaltantes capitán que fué de un grupo que operaba en la región cercana al “antiguo camino de herradura” que vá al puerto de Manzanillo, aquellos practicaban con éxito numerosos asaltos hasta que “el gobierno los acabó.”

El anciano informó que su amigo le había hecho partícipe de una relación de mucho interez y le invitaba a que entre los dos fueran a rescatár los bienes, por una u otra causa nunca fueron a buscár el lugar y el proyecto quedó en veremos, el anciano se ausentó de la región por muchos años perdiendo comunicación con su amigo.

Los principales datos que fueron proporcionados a nuestro anfitrión rezaban más o menos así: A fines del siglo pasado Agustín y Braulio Rios capitaneaban una banda de asaltantes cuyas correrías abarcaban una extensa zona que incluía el antiguo camino a Manzanillo donde aquél atraviesa la sierra de Totzín, los amigos de lo ajeno fijaron su residencia en el interior de una cueva desde cuya entrada se domina gran extensión de terreno y aún ahora se puede ver el trazo del camino, que dicho sea de paso el gobierno pretende restaurár lo cual parece muy buena idéa, el recorrido de la Cd. de Guadalajara se puede acortár considerablemente, gracias a la altura de su refugio en la ladera del cerro, los andariegos hermanos y Cia. contaban con la gran ventaja de que apostando centinelas en lugares estratégicos las fuerzas contrarias dificilmente podrían localisarlos mucho menos aprehenderlos, así pues, esas gentes tuvieron suficiente tiempo para depositár grandes cantidades en metálico y algunos objetos de valór que despojaban de “las conductas” (recuas de mulas y burros) que transportaban valores y mercancías hasta el puerto del Pacífico para ser embarcadas a España, el informante insistía que lo guardado se acumuló durante mucho tiempo y que las “cargas” depositadas arrojan números muy interesantes.


Entrado en materia, ante los ávidos oidos de su escucha el viejecito procedió a describír la localisación y características de la importantísima cueva, la relación sigue así:

En la falda casi enfrente de la hoya ( manantial de aguas cristalinas y frescas que todo el año fluye arrojando gran caudál) casi llegando al copete está una cueva tapada habitadero de las gavillas, por señas, en un batiente de piedra acomodada que hicieron en la puerta está un pitallo de seis brazos en todo el cerro no hay otro, el piso de la cueva está empedrado, debajo de la cueva está la verdadera cueva tapada con palos rollizos, están depositadas treinta y ocho cargas de mula de barras y plata acuñada, armas y otros enseres.

Después de sopesár la bondad de la información decidimos “jugárnosla” confiando en la seriedád de los involucrados, según nuestro anfitrión la fuente era digna de crédito. Sin más preámbulos decidimos salír en pos de la nueva aventura, componíamos la partida, el Padre, Esteban, Elías, Roberto, Manuel y este servidór acompañados de buena cantidád de tacos que las Sras. diligentemente preparáron.

A bordo de mi auto tardamos tres horas en llegar a un lugar muy cercano a la hoya prontamente descendimos hasta el rio que en ese punto mide unos cien metros de anchura, con el agua a la altura de las rodillas se dificultó vadear debido a que el lecho de la corriente está sembrado de gran cantidád de piedras sumamente resbaladizas, absortos en nuestra taréa no habíamos notado que negrísimos nubarrones de tormenta flotaban sobre nuestra cabeza, habíamos terminado de calzarnos las botas en la orilla opuesta cuando un fuerte chubasco se generalizó con mucha intensidád, el aguacero nos obligó a refugiarnos al amparo de grandes y frondosas parotas, no temíamos que nos alcansare un rayo, hasta ese momento no se había oído el estruendo característico de descargas eléctricas, además yo sentía seguridád y protección cerca de esos gigantes, por causas que no se han llegado a sabér este tipo de árbol nunca recibe visitas de rayos, en mi largo peregrinár por montes y valles nunca he visto una Parota que haya sido tocada por ese fenómeno, a juzgár por la ausencia de huellas en su corteza.

La torrencíal lluvia se prolongó el suficiente tiempo para hacernos decidír desandár nuestros pasos cuanto antes mejór, en prevención de una posible avenida en el rio que seguramente impediría nuestro regreso vadeando, llegados al auto y empapados al máximo optamos por regresár al pueblo no obstante lo temprano de la hora, antes de partír nos situamos en la ladera y buscando en la región donde se presumía debía estár la cueva localice puntos de referencia con ayuda de prismáticos, gracias a que la luvia había disminuido totalmente, desde donde estábamos se dominaba gran parte del cerro en donde se suponía la situación de la cueva, después de un rato, a travez de los anteojos visualicé lo que me pareció el banquetón de la entrada, insistí en mi escrutinio y para sorpresa y beneplácito de todos se pudo comprobár aunque con mucha dificultád porqué unas ramas estorbaban, que en efecto además del banquetón, sobre este se veía el pitayo que como marca inequívoca serviría de referencia para localización de nuestro objetivo.

Sin decaér nuestro ánimo regresamos a cuarteles considerando que se había logrado suficiente y valiosa información para permitirnos vislumbrár que el comunicativo informante no mintió, cuando menos en cuanto a la localización del almacén.

Llegamos a casa entrada la noche y como es inveterada costumbre entre nosotros, después de devorár abundante y suculenta cena dimos rienda suelta al debate de actualidád, debido al entusiasmo que despertó el hallazgo la plática se prolongó casi hasta el amanecér, ninguno se atrevía a retirarse por temór a perder detalles de nuestra última aventura, esa misma noche desarrollamos planes de acción encaminados a descubrír el tesoro que nos estaba esperando.

En vista de que el camino a la hoya quedó impracticable después de la lluvia decidimos dejár para el próximo fin de semana una nueva incursión, regresamos a Guad. el dia siguiente.

El próximo viernes por la noche de nuevo estábamos departiendo con nuestros amigos en el acostumbrado lugár de reunión, esa vez nos retiramos temprano pues habíamos tomado la cena en el poblado de San Gabríel, el sábado muy temprano enfilamos hacia el lugár que previamente habíamos escogido junto al rio para establecér campamento, el paraje era un lugar bellísimo poblado de grandes y frondosos árboles donde por su corpulencia y verde follaje descollaban las parotas que en grán número daban sensación de frescura y sosiego, proporcionan sombra a toda hora y sirven de refugio a numerosos animales entre ellas iguanas y calandrias. Bien provistos y preparados para la inminente excursión en aproximadamente media hora después de cruzar el rio estábamos en la ladera casi a la entrada de la cueva.

Esta vez nuestro guia quien conocía muy bien la región era Flaviano un amigo y vecino de Esteban y antiguo colaboradór del Padre, el nuevo miembro de la expedición sabía por boca de un conocido suyo, que esa persona a quien llamaremos Carlos, durante sus correrías de cazadór baleó un tejón y el animál al sentirse herido huyó hasta refugiarse en una oquedád, el fallido cazadór perdió su presa ante la imposibilidád de alcanzarla, al mirár dentro del hoyo a donde el tejón penetró, el deportista pudo apreciar pese a la oscuridád que el hoyo se ensancha convirtíendose en un túnel y al finál de estrecho pasaje pudo ver que el termina en una cavidád mucho más amplia, Carlos escogió como señas un “órgano” que crecía a corta distancia del refugio con ánimos de volver provisto de herramientas para “esculcár la cueva,” por una u otra razón jamás volvío con más equipo que su escopeta y pronto se olvidó de su interéz por las cuevas.

Gracias a que Flaviano alguna vez invitado por Carlos anduvo de cacería en las inmediaciones del pitayo no tuvo la menór dificultád en guiarnos directamente, de esa suerte pronto estuvímos en el preciso lugár frecuentado por Carlos, con desbordante júbilo localisamos el órgano sobre el banquetón de piedra que servía de acceso al recinto, muy pronto nos vimos en la taréa de removér piedras que pegadas con barro formaban tapón al acceso de una cueva que en efecto adoptaba proporciones de importancia, retirado el materíal suficiente pudimos penetrar a la oquedád principál a travéz de un tunel que mide .90cm de ancho por .95cm de altura y tres metros de longitúd, el tunel termina en un ensanchamiento que conforma la caverna, originalmente esta medía 5.M en su parte más ancha y 3M en la parte más alta, las últimas dimensiones se han visto muy modificadas debido a la gran cantidád de materíal que hemos extraido del ámbito, el piso del recinto mayór era aceptablemente plano se notaba claramente que las piedras que lo cubrían habían sido cuidadosa y deliberadamente colocadas, a ese particulár se refería la parte de la relación que dice, debajo del empedradito de la cueva está la verdadera cueva, esto último lo supimos después que se nos dijo la primera versión de la relación, el tamaño de la mayoría de las piedras del suelo no rebasaba el díametro de una naranja, al término del tunel de acceso había un desnivél de 1.20M, para salvar ese desnivél, los trabajadores habitantes del recinto habían instalado dos “escaleras de chicól” esas escaleras son hechas de un madero con “horqueta” en un extremo y cortaduras a manera de escalones practicadas a todo lo largo del madero, la horqueta permite colocár la escala en posición verticál para su uso, se comprenderá facilmente que a la vista de los instrumentos nuestro interez se acrecentó sobremanera.

Una vez que todos los integrantes del equipo estuvieron dentro, al auxilio de la luz de nuestras lámparas de carburo principiamos a removér las piedras del piso,
para tal efecto nos organizamos en cadena, llenábamos los botes que tuvimos la precaución de traér y pasando de mano en mano el último en la cadena podía vaciar el contenido al borde del barranco, lo que dicho sea de paso, en ese lugár mide unos 150M de altura casi a corte de pico.

Omití informarte amigo lectór que como medida de precaución antes de emprendér trabajos revisamos conciensudamente para asegurarnos de la estabilidád del lugár, una vez convencidos de que nada nos caerá encima o el piso no se hundirá bajo nuestro peso con confianza emprendemos labores, durante la inspección preliminár del lugar que nos ocupa descubrí un depósito de cenizas en el lado derecho del recinto las que se acumularon durante mucho tiempo y formaban gruesas placas, se conoce que el fogón durante mucho tiempo sirvió para cocinar y calentar el lugár, el descubrimiento del nuevo indicio nos sugirió que no había sido en vano nuestro esfuerzo, para la mayoría de mis compañeros y para mi mismo, lo que habíamos visto hasta entonces constituía suficiente pago para nuestra sed de aventuras.

Gracias al sistema de cadena humana muy pronto habíamos extraido suficiente materíal para darnos cuenta del tremendo esfuerzo que los propietarios del lugár habían desarrollado introduciendo el materíal que trabajosamente tenían que recoger raspándolo de entre las rocas del exteríor y acarreándolo en talegos y canastos para poco a poco rellenár las anfractuosidades del piso de la cueva, para nosotros estaba quedando claro que los diligentes trabajadores encubrieron algo que sin temór a equivocarnos para ellos fue de mucho valór, no cabía duda de que el materíal que estábamos removiendo había sido traido del exteríor puesto que su composición difería marcadamente del materíal originál, mientras que la tierra original era “tierra bermeja y limpia” y con algunos pequeños depósitos de excremento de murcíelago, el materíal de relleno estaba compuesto de tierra negra cuajada de ramitas, hojas y materia vegetál, por este particulár nos era muy facil determinár cuando habíamos llegado al “piso virgen” la composición de las tierras era de naturaleza completamente diferente.

Nuestra admiración hacia las gentes que hicieron tamaño trabajo crecía a medida que descubríamos nuevas características de su labór.

A poco tiempo de habér empezado el trabajo, la exclamación de júbilo por parte de Esteban nos obligó a interrumpír momentaneámente las interesantes labores, el exabrupto quedó ampliamente justificado al avistár “dos rajas de ocote quemado” que el aludido blandía ostentándolas en alto ( el ocote es trozos de madera de pino resinoso que se ha usado durante mucho tiempo para alumbrarse, donde se carece de mejór alternativa, el ocote es un medio muy económico y eficiente para el propósito)

Después de examinar los trozos de madera parcialmente quemados entendimos que los trabajadores usaron ese método como fuente de luz, al consumirse el madero el sobrante sencillamente se tiraba al suelo en donde permaneció enterrado hasta su descubrimiento por nosotros, redoblados esfuerzos redituaron sustanciosos avances y para la hora de la comida el piso de la cueva había sufrido modificaciónes de consideración, después de los dos trozos encontrados por Esteban la cantidad de ocotes se multiplicaba debido a que mayór cantidad de iluminación era necesaria a medida que la cueva era más profunda, interrumpimos labores para tomár alimentos y avivár la luz de las lámparas, en esos momentos la conversación animaba a todos por igúal, la actitúd ante los numerosos indicios mejoró durante la jornada, con rapidéz dimos por terminado el refrigerio, tuve que obligar a mis compañeros a recogér y guardár los utensilios, en su afán de volvér al trabajo dejaban todo regado por el suelo.

Seguíamos extrayendo materíal, de vez en cuando aparecía un nuevo trozo de ocote y pasaba a engrosár el montón que poco a poco se hiba formando, en este momento no recuerdo si en mi relato he mencionado que además de las escaleras y el ocote, descubrimos tres esqueletos de peces pequeños que sin duda fueron consumidos como alimento, también recogimos pedazos de hueso pertenecientes a una pata de rés, cuatro mazorcas de maíz arcaico de unos .07cm de largo y .25cm en su parte más gruesa, llevé a casa esas pequeñas mazorcas y a una de ellas la puse sobre algodón humedecido para rehidratarla y ver si podría germinár, después de tres dias cuando la revisé encontré que el maíz no solo no había germinado pero se había convertido en engrudo, sin duda el estado de deshidratación del vegetál había sido tan severo que convirtió a los granos en materia inerte.

Sin incidentes de mayór importancia dimos por terminadas las labores de ese día y nos replegamos al campamento, el guero, con cierta reticencia y como medida precautoria preguntó a Flaviano si por ahí habría alacranes, el taimado contestó en tono bien socarrón: “No hay alacranes, nomás hembra y macho” aclarado el asunto, Fermín guardó silencio por buen rato.

Gracias a la excitación de la que todos éramos presa el cansancio no nos había afectado, los niveles de histamina en nuestro organismo de seguro eran muy altos, pronto llegamos al río y hasta que alguien observó que estábamos forrados de polvo negro nos dimos cuenta que en las actuales circunstancias tomár un baño era menestér más que imperativo, nos tiramos al agua cuya temperatura nos ofreció confort absoluto, después de gozar las delicias del bano en armonía y enmedio de risas y bromas inocuas, conforme el apetito de cada uno aumentaba se retiraba rumbo al campamento donde preparada por “el pie de casa” en turno, esperaba sabrosa y nutritiva cena, papas asadas, tortillas de maíz, un trozo de cecina, sin faltár el humeante café negro, transcurrió el refrigerio prontamente pues acordamos retirarnos lo más pronto posible a descansár, a esa hora aunque nadie lo externaba el cansancio estaba presente en el físico de todos, nuestro interéz prioritario era madrugár para aprovechár al máximo la jornada de mañana.

Las primeras luces influyeron para que todos a una urgiendo a quien le tocaba pie de casa, preparamos nuestro equipo, el desayuno rápidamente confeccionado fue también rápidamente consumido, “en menos que canta un gallo” nos vimos alistando las lámparas de carburo que habíamos dejado dentro de la cueva, muy pronto reanudamos nuestra interesante labór, los hallasgos del día anteriór habían contribuido a levantarnos la morál muy sensiblemente, todos sin escepción nos sentiamos en óptimas condiciones para trabajár con redoblado ánimo, pasamos la botella para tomár un trago de ron y acto seguido sin que nadie se hiciera el remolón tomamos nuestra posición de trabajo.

Las primeras cubetadas fueron como el dia anteríor portadoras de nuevos indicios que aseguraban que los propietarios del lugár habían dedicado muy gran esfuerzo para ocultár lo que nosotros estimamos de muy alto valór, aquellas personas tuvieron cuidado de no solo llevár la tierra y piedras dentro de la cueva sinó que acomodaron todo con esmero, en un rincón desenterramos dos palos achatados en uno de sus extremos y el extremo opuesto mostrando huellas de habér sido empuñados a guisa de herramienta, los maderos sin duda fueron usados para empujár y acomodár el materíal, en la segunda y tercera cubetas estaban esqueletos de pez que sin duda fueron consumidos “in situ,” a medida que progresaba la excavación el ámbito se profundisaba y se hacía lento nuestro avance pues nos veíamos obligados a movernos dentro de un mayór espacio para podér entregar la cubeta al compañero más próximo, la inconveniencia no afectó el ritmo de trabajo, a cada cubeta que se vaciaba fuera del recinto se podía aprecíar que nuestro esfuerzo no hiba a ser en vano y pronto podríamos descubrír
lo que tan celosamente estaba guardado, pasaban las horas y nadie queria desperdicíar tiempo para descansár solo se interrumpían labores para tomar unos sorbos de agua y recuperár el líquido que en forma de sudór escurría con profusión por todo el cuerpo.

La hora de tomár alimentos fué determinada por los ruidos que nuestros intestinos emitían conminándonos a prestár atención a tan necesario menestér, las tortas pronto desaparecieron remojadas con la fresca agua de la hoya y refresco gaseoso acompañado con un poco de Tequila, con rapidez terminamos raciones y muy pronto cada uno en su puesto, la experiencia nos ha enseñado que después de ingerír alcohol debe volverse de inmediato a plena actividád si no se quiere experimentár el sopór resultante, sin embargo es benéfico el ligero efecto anestésico que ayuda a soslayár el cansancio.

Palos de tamaño adecuado para ser usados como cabos de herramientas fueron desenterrados en número de ocho, al examinarlos noté que uno de sus extremos había sufrido desgaste, el extremo opuesto pulido y abrillantado por efecto sin duda del roce prolongado de las manos que lo empuñaron, en un rincón del lado derecho, un depósito de guano de murciélago completamente deshidratado nos llamó poderosamente la atención, el excremento había sido concentrado en ese lugár usando maderos en forma de las dos mitades del fondo de un barríl, al igual que los palos mostraban claras huellas de las manos que los usaron, el guano debido a la extrema deshidratación que lo afectaba parecía que carecía en absoluto de peso, al llenar una cubeta con el no se notaba apreciable diferencia, poco tiempo después desempolvamos tres mazorcas de maíz diminutas similares a las antes desenterradas, calculo que las pequeñas tenían cuando menos cien años.

La tranquilidád con que hasta ahora había transcurrido la jornada fue desagradablemente rota por los desaforados gritos y patéticas exclamaciones que emitía Chuy “El Santa Anita,” nos causó profunda sorpresa su exabrupto absortos como estábamos en nuestro trabajo, el hombre prácticamente explotó gritando a voz en cuello, “Todo el dinero que me toque me lo voy a gastár en parrandas y paséos me voy también a comprár un convertible rojo, con el dinero que me sobre le voy a llevár un vestido a la Virgencita”, con ese tenór su cantaleta se prolongó por algunos minutos hasta que logramos calmarlo, el individuo había sufrido un ataque de esquizofrenia disparado por la intensa y prolongada tensión emocionál a la que todos habíamos estado expuestos durante los últimos dias, el episodio nos causó cierta inquietúd, temiendo que el ataque le repitiera y esta vez pudiera acarrear indeseables consecuencias, decidimos recogér bártulos y regresár a campamento.

Pronto para nuestro solaz y descanso chapotéabamos en las aguas del rio, como siempre, la limpidez y grata temperatura del agua nos fueron muy preciados, el cambio de ambiente acabó de sosegár a Chuy y pronto olvidámos el desagradable incidente.

Regresamos a Guad. sin sufrír mayores inconvenientes que los acostumbrados dado el pésimo estado del camino, durante todo el recorrido nuestro estado de ánimo se mostró excelente a despecho del desagradable episodio, llegamos al lugár donde operaba el retén militár sin que esta vez fuéramos detenidos para inspección, media hora después entrábamos a la Cd. y en poco tiempo había puesto a cada quien a la puerta de su domicilio.

La jornada del siguiente fin de semana no registró variantes de consideración además de la ausencia de Chuy a quien cortésmente habíamos informado que no podría acompañarnos más a nuestras correrías debido a que el no era un elemento titulár en el grupo,
la verdadera razón que nos había decidido a prescindír de su colaboración no era lo que le habíamos informado sinó el temór a que debido a la inestabilidád emocionál que había aflorado en el, se corría el riesgo de que el episodio se repitiere acarreando quizá graves consecuencias, buscando la protección de todos ese tipo de eventos no se pueden permitír, lo mejór es tratár de evitar cualquier riesgo por leve que este sea, durante aquella jornada extrajimos además de gran cantidád de tierra y pequeñas piedras los conocidos trozos de ocote quemado en cantidád de ocho piezas, en esta fecha perdí la cuenta de las veces que hemos trabajado sin variantes al patrón acostumbrado.

Durante la época lluviosa nos vimos obligados a posponér incursiones a esa región debido a que el caudál del rio sube mucho de nivél y resulta imposible vadearlo, para no “enmohecernos” aprovechábamos el intermedio para visitár lugares accesibles aunque nuestra actividád se veía seriamente limitada.

En una ocasión no obstante que el rio estaba más crecido que lo conveniente no nos detuvimos ante la vista de su caudál ni aún después de comprobár que en los arcos del puente estaba atorada una camioneta pick up de modelo reciente, el vehículo fue arrastrado desde muy lejos según calculamos al recordár que el vado más cercano por donde habría tratado de atravesár el sin duda sorprendido conductór se halla a unos 10Km de distancia, largo rato estuvimos curioseando con el ánimo de comprobár si habría alguien atrapado dentro del transporte, no pudimos ver a nadie, dejamos el lugár y llegamos al sitio donde acostumbrabámos vadeár, con desagrado vimos que no sería posible cruzár, el rio estaba embravecido su corriente se presentaba sumamente violenta, descansamos mochilas y deliberamos sobre la conveniencia de trasladarnos a algún lugar en la playa para aprovechár el tiempo de nuestra vacación pues todos teníamos libre el periodo de Semana Santa, yo no estuve de acuerdo en retirarnos y sugerí que me esperasen en ese lugár, remontaría la corriente en busca de un paso practicable, recordé que como a 400M rio arriba el cause se ensancha formando un charco de anchura superiór al resto del rio, en ese lugár el agua siempre discurría muy apaciblemente su profundidád no pasaba arriba del tobillo, yo tenía la esperanza que el agua no “estuviera brava” en ese lugár, llegué al "charco de los palos” con desagrado comprobé que la tremenda fuerza de la corriente había excavado cerca de la orilla y se formó un profundo canál por donde el agua corría rugiente, en ese punto era imposible cruzár, con profundo desaliento escudriñé un poco más allá, para mi sorpresa, en el lugár donde empieza un recodo atravesada sobre la corriente una gigantesca Parota había caido, me encaramé sobre el caído gigante y comprobé que su estabilidád sobre el terreno nos ofrecía seguridád al usarla como puente, el grueso tronco perfectamente serviría para pasár sobre el rugiente canál, dejé mi mochila sobre una piedra y más que de prisa regresé a donde mis compañeros quienes sin excepción acogieron con entusiasmo el informe, arriba mochilas y nos encaminamos hacia el improvisado pero Providencíal puente, como medida prudente de seguridád atamos nuestras sogas a las ramas fuertes para servirnos de “un pasamanos” la medida probó ser muy eficiente, la savia abundaba en algunos lugares del tronco presentando superficies sumamente resbalosas, de seguro que sin las sogas hubiera sido muy peligroso caminár sobre el madero, sin mayores problemas traspusimos el obstáculo,


después de recogér las sogas proseguimos camino.

Debido a la dificultád extraordinaria que presentaba el lodoso terreno decidimos no acampár junto al río para no tenér que bajár todos los días, además que la ascención se presentaba muy dificil por lo resbaladizo del terreno, junto al río no había un lugár seco donde plantár cuartél, sobrecargamos nuestras espaldas acarreando de una vez todo el equipo y vituallas, en vista de las espectatívas, dormiríamos dentro de la cueva, los cielos nublados nos informaban que la lluvia seguiría callendo, el recorrido presentó dificultades, el acostumbrado camino había sido borrado en muchos tramos, árboles caidos contribuían a empeorár la situación, esa temporada lluviosa fué particularmente violenta, por doquiér se presentaron inundaciones causantes de tremendos destrosos a viviendas y caminos.

Después de mucho tiempo más de lo acostumbrado llegamos al punto sumamente cansados hambrientos y mojados, sin embargo nuestro ánimo era muy bueno despecho a las circunstancias, llegados a destino descansamos un poco y nos alimentamos sin olvidár “recetarnos un par de buenos tragos” la receta nos comunicó agradable sensación de calorcillo y nos sentimos mejór, después de un rato de solaz bajé lámpara en mano para revisár el recinto de la cueva, como es costumbre siempre he sido el primero en entrár con el propósito de revisár muros y paredes en busca de algo que pudiera representár peligro, en casos similares es aconsejable que una sola persona entre para inspeccionár, el resto esperando fuera listos para soslayár cualquier emergencia que pudiera presentarse, si dos o más bajan al principio, se corre el riesgo de que los exploradores no se concentren lo suficiente debido a la tendencia de entablár conversación desatendiendo indicios que pudieran indicár anormalidades, en fín, después de mi rutinaria exploración sin habér notado nada que pudiera impedir nuestro trabajo salí para reunirme con los compañeros, el dia estaba muy avanzado y se decidió preparár el campamento lo mejór posible, en el lugár donde pernoctaríamos las partes planas son muy escasas, grupos de rocas forman un suelo más bien anfractuoso poco apto para rendír comodidades, acostumbrados estamos a esas pequeñas inconveniencias y el panorama no nos afectó, consumimos frugal cena y nos acomodamos lo mejór posible dadas las circunstancias, el cansancio nos obligó a omitír la acostumbrada plática antes de conciliar el sueño y en pocos minutos un concierto de sonoros ronquidos anunciaba nuestro poco interez en la locuacidád que algunos de los compañeros desplegaban sin mayór esfuerzo cada que se presentaba la ocasión, me acomodé enmedio de dos rocas usando parte de mi mochila a guisa de almohada, el güero tomó lugár muy cerca, noté que su lámpara permanecía encendida y me incorporé para ponerla fuera de servicio, mi amigo notando la , maniobra me pidió que la dejara a media luz, el antro de la cueva le “parecía asombroso” y la luz encendida le daba cierta sensación de seguridád.


No quise argumentár más y desentendí la maniobra, pronto concilié el sueño tan profundamente que no me dí cuenta de los acontecimientos que durante la noche se desarrollaron, el tópico principál al despertár giraba en torno a las peripecias sufridas por Fermín, Roberto y Trino, sucede que la colonia de murcíelagos habitantes de la cueva modificada su rutina por la presencia de intrusos agravado esto por la luz de la lámpara del güero, se inquietaron tanto que no pararon de salír y entrár volando y emitiendo agudos chillidos irritados por la intrusión, la noche entera pasaron los animalitos protestando contra la invasión de sus derechos, uno de esos mamíferos atontado acertó a chocár contra la cabeza de Trino quien dormía afuera cerca de la entrada, el animalito, afectado por el impacto y la excitación en lugár de salir de la bolsa de dormír penetró hasta la altura del cuello del durmiente despertándolo bruscamente, el escándalo que protagonizó el sorprendido pasó desapercibido por mí, el güero por su parte se quejó que no pudo pegár los ojos debido a que los escandalosos bichos no dejaron de “metér bulla toda la santa noche” materia de chascarrilos y puyas a cual más ingeniosas siguieron a la nueva experiencia, yo muy descansado gracias a mi adaptabilidad.

Debido al sobrepeso que suponía llevar las latas de alimentos todas ellas quedaron en los vehiculos, tres dias después de consumír los bastimentos nos dimos cuenta que las vituallas escaseaban, el ir en busca de reabastecimiento suponía una dificil taréa, además el adelanto en el trabajo mermaría considerablemente debido a que más de una persona era necesario distraér de labores, decidimos “estirár “ lo más posible nuestras provisiones y nos concentramos en removér materiales, el amanecér del día quinto la escasés de alimento se puso de manifiesto de forma convincente, quedaba solo un puñado de arroz y frijoles, “la necesidád es la madre de la inventiva” esta aseveración nos vino de perlas, mi curiosidád entró en juego, se me ocurrió hervír unas “orejas de parota” y probarlas una vez cocidas, mi sorpresa fué avalada por todos al ellos también probarlas, el sabór de las semillas del vegetál es bastante grato se puede decír delicado y delicioso, una vez obtenida la aprobación generál herví mayór cantidád de orejas en número que alcanzara para comér todos, con marcado apetito engullimos buenas porciones de la sabrosa leguminosa, saciada nuestra necesidád nos dimos cuenta que las semillas no solo son sabrosas sinó que contienen buenos valores nutritivos, gracias a la abundancia de los frutos diseminados por el suelo, nuestras raciones alimenticias se vieron inpensablemente aseguradas, comprobamos que despues de comerlos nuestro apetito quedaba bien satisfecho, la digestión mejoró, la ausencia de gases intestinales fue muy celebrada, la dieta acostumbrada era capaz de generár con profusión ese aromático subproducto, los siguientes tres dias mantuvimos el nuevo régimen dietético sin notar detrimento a nuestro vigór por el contrario nos sentíamos más ágiles y saludables, sin duda habíamos descubierto propiedades muy valiosas derivadas del vegetál que nos nutría.

Tratando de encontrar variantes que agregár a la dieta se me ocurrió echár a las brasas un puñado de orejas secas, al abrirlas se vió que las semillas habían adquirido un agradable colór tostado, probé algunas y doble sorpresa, el sabór de ellas mejoró muy considerablemente gracias al nuevo procedimiento, consideré muy afortunada mi ocurrencia y todos celebraron mi acierto considerándolo como un valioso aporte al acervo de experiencias acumuladas por todos.

Si bien el problema de la alimentación quedó muy bien resuelto, la escasés de agua se agudizó al extremo de obligarnos a racionár el precioso líquido, no pusimos a hervír más parotas y las comíamos tostadas, no obstante la dificultád decidimos “darle un buen pegón” a la escarbada y persistír en nuestro esfuerzo hasta las últimas consecuencias, en un momento dado no pudimos disponér de suficiente agua para mantenér en funcionamiento las lámparas, como era muy temprano para interrumpír labores, echando mano a la inventiva nuevamente quedó por el momento solucionada la deficiencia, sin decir nada a los demás me retiré un poco del grupo llevando mi lámpara cuya agonisante luz indicaba la urgente necesidád de agua, no quería que mis compañeros sufrieran las consecuencias de lo que me proponía hacér y me alejé tanto como pude, yo esperaba quizá que gases fétidos se desprendieran de la flama cuando mi orina hiciera contacto con el carburo de silicio que sirve para generár el acetileno que al quemarse en la esprea produce la luz tan brillante y clara, como recurso desesperado “me la jugué” pues yo también como todos los demás estába enpeñado en una dura batalla contra el tiempo, los indicios que constantemente descubríamos nos animaban para agotár hasta el último recurso, para sorpresa mía no se produjo ningún olór otro que el acostumbrado tufillo característico de la combustión del acetileno, en el momento mismo que la luz de mi lámpara adquirió vivacidád mis compañeros sorprendidos por la inusitada brillantez, me preguntaban como había conseguido el agua, con un dejo de displicencia les dejé sabér que no era agua común lo que revivió mi fuente de luz sinó, “agua que fué nieve” y ahora subproducto de mi metabolismo.

Nadie podía creér que lejos de haberse producido reacciones indeseables debido a las mezclas de los elementos del carburo de silicio, la uréa y otros contenidos en la orina humana, la luminosidád de la llama se había incrementado muy apreciablemente al grado de que mi lámpara por si sola era capaz de despejár de tinieblas a espacios donde se necesitaba el concurso de cuando menos tres aparatos en condiciones de trabajo normales, siguiendo mi ejemplo, a medida que la intensidád de la luz empobrecía el respectivo operadór del adminículo le servía la suficiente ración de orina para comprobár con curiosidád y beneplacito la inmediata reacción para producirse la brillantés que a todos nos había tomado por sorpresa.

Mi experimento había resultado mejór de lo que esperaba, el método nos permitío terminár con comodidád la jornada de trabajo gracias a la abundante iluminación, al atardecér interrumpimos labores y bajamos por el todavía lodoso camino hasta el lugár donde habían quedado los vehículos, por supuesto al atravesar el rio de regreso volvimos a usar el improvisado puente, el nivél de las aguas había bajado pero la rapidez de la corriente todavía era muy fuerte, nos aseamos tomando el baño en las turbias aguas y recién caida la noche enfilamos hacia Amalco para poner a las puertas de su hogár a nuestros compañeros lugareños.

Después de esa peculiár pero divertida aventura, de regreso dentro de la cueva un dia a media jornada descubrimos un recoveco debajo del gran monolito que constituye el techo del recinto mayór, en ese punto el extremo de la roca desciende pronunciadamente hasta casi nivél del suelo, al desocupár de tierra el lugár se descubrió un estrecho pasaje que lleva a un recinto de techo muy bajo, Flaviano y yo arrastrándonos de bruces penetramos al lugár, dentro pudimos ponernos en cuclillas, el piso se notaba particularmente plano y nivelado rellenado con el mismo tipo de materíal que el resto de la cueva, a poco tiempo de inspección descubrí a mi lado derecho a nivél del suelo una franja de tierra oscura que destacaba claramente del resto, con una pala facilmente removí algún materiál y para nuestra sorpresa comprobamos que eso era tierra de relleno, de inmediato comprendimos la importancia del descubrimiento, intercambiando miradas de complacencia y sin mediár palabra mi compañante y yo salimos calmadamente de nuestro alojamiento, con mayór rapidez nos dirigimos a la dirección de donde se había descubierto la novedád, ocioso es describír el júbilo y sorpresa de los compañeros al presenciár el desvelamiento de materíal de relleno que colocado con meticulosidád y maestría había disimulado a la perfección un abra de 2M de anchura por 2.60M de alto, tan buen trabajo se hizo para esconderla con sobrado ingenio que de no habér mediado la exploración de la covacha quizá hubiera quedado inadvertida, “los muchachos” como cariñosamente llamábamos a los encargados de hacernos sudár, daban una vez mas muestras de gran ingenio y laboriosidad.

Hasta el momento habían demostrado más que sobradamente su maestría para trabajár y su habilidád para disimulár lo que a ellos les había interesado ocultár, nos propusimos dedicár nuestros mejores esfuerzos a limpiar el pasadiso, gracias al sistema de cadena de manos bien pronto se puso en evidencia la dedicación y maestría que los anteriores trabajadores tuvieron que desplegár para hacér trabajo tan bien logrado.

En poco tiempo habíamos avansado lo suficiente para permitirnos aprecíar la importancia del nuevo descubrimiento, aquí también abundaban los objetos que desde un principio nos aseguraban que no sería conveniente por ningún motivo dejár pendiente la culminación de la exploración que tan buenos augurios ofrecía según nuestra unánime apreciación, habíamos penetrado unos tres metros en el tunel cuando mi hijo Luis me llamó para avisarme que estaba a punto de desenterrár un palo tan grueso que no alcanzaba a rodearlo con sus dos manos juntas, se retiró la tierra suficiente para descubrír en su totalidád el madero que resultó similár
a las dos escaleras previamente descubiertas, este presentaba muescas y al igual que los otros dos tenía en un extremo la necesaria horquilla, dada la posición en que fue encontrado dedujimos que el instrumento se había utilizado para descendér a un nivél más bajo que el presente piso, los trabajadores la extrajeron del lugar de su uso y la escala quedó en posición verticál recargada contra el muro, siguió el trabajo de rellenár, más tarde alguien se dió cuenta que el instrumento estaba ahi y trató de ocultarlo, encontrando que el nivél del materíal de relleno había rebasado el largo de la horquilla y el materíal no permitía extraerlo para colocarlo horizontalmente, optaron por forsarla y en el intento se rompió en la parte que era profundo el corte para formár un escalón, cuando la encontramos, el tramo de la horqueta más o menos de un metro de largo estaba en posición verticál, el resto de la escala en posición horizontál, ambas fracciones todavía sujetas entre sí por las fibras de la madera que no se desprendieron totalmente durante la maniobra.

El incidente agregó combustible a nuestra ya ardiente energía, renovado ímpetu nos permitió avanzar más rápido, gracias a que el seco materiál no presentaba ninguna dificultád para su remoción el progreso no podría ser más satisfactorio, más tarde muy a nuestro pesár tuvimos que replegarnos al campamento, ese dia después del desayuno solo habíamos comido algo de dulce y agua sin habernos dado tiempo para alimentarnos, despues del imprescindible chapusón en el rio devoramos la cena preparada por el pie de casa en turno y a dormír se ha dicho.

Las primeras luces indicaron que el nuevo dia entraba en progreso, venciendo el cansancio remanente consumimos el desayuno por demás sencillo en obvio de tiempo, sin tardanza una vez dentro de la cueva aprontamos las lámparas y cambiamos los filtros a las trompas, cada uno se colocó en su sitio demostrando gran interez en el trabajo, el descubrimiento de una canasta llena de cáscaras de pitaya interrumpió momentaneamente la rutina, la interferencia no duró mucho tiempo, como se había ya hecho costumbre el descubrimiento de objetos ya no nos causaba gran impresión el hallazgo de uno nuevo aunque servía para reforzár nuestra convición y avivár energías.

Después de un rato de trabajo al ritmo acostumbrado decidimos descansár para tomár alimentos y comentár con entusiasmo el profreso tan importante hasta ahora obtenido, después de comér descubrimos una especie de parche hecho de zacate amasado con barro, el cuadrado medía .50cm de lado por .10cm de grosór la utilidád o propósito de esa cosa nunca quedó claro, nos disponíamos a retirarnos


cuando Luis atrajo mi atención hacia un grupo de piedras “acomodadas” rápidamente retiramos la tierra que las cubría, pronto quedó a la vista un muro que cuidadosamente y con maestría, alguien que sabía hacer “lienzos de piedra” se había tomado el trabajo de edificár alineando las rocas con gran precisión, el muro abarcaba todo lo ancho del abra hasta una altura de 1.20M, con beneplácito externamos nuestra más sincera admiración para el autór de esa casi artística obra.

Debido a que era bien entrada la tarde y nos sentíamos cansados por el prolongado esfuerzo que nos habíamos impuesto durante toda la jornada decidimos dejár para mañana la exploración del nuevo hallasgo, de camino al campamento nadie profirió palabra, solo después de tomár el acostumbrado y reconfortante baño dimos rienda suelta a nuestra imaginación y entusiasmo.

Alrededór de la fogata elaboramos planes para la jornada del dia siguiente, pensamos que el depósito seguramente estaba detrás del muro, advertí a mis compañeros la conveniencia de redoblár precauciones para prevenír cualquier lamentable incidente,
les indiqué que en caso de localisár armas de fuego tendríamos que obrár con suma cautela caso que las armas estuvisen cargadas y preparadas para servír como trampa, gracias a la extrema sequedád que impera en el ambiente deberíamos esperár que la pólvora estuviese todavía en buenas condiciones y apta para detonár, era forsozo tambien, asegurarse de que no hubiere artefacto o materiales preparados para precipitarse sobre nosotros, en tratándose de protegér sus bienes “los antiguos acostumbraban servirse de ingeniosas y efectivas artimañas”.

En cuanto terminamos la cena nos retiramos a dormír, yo sentí como que en cuanto pegué la cabeza a mi mochila la luz del sol hacía su aparición detrás de los altos cerros que nos rodeaban, para esa hora el café y los frijoles estaban ya en su punto tal como buena cantidád de tortillas tostadas sobre las brasas, es curioso notár como el sabór de tan ordinarios alimentos mejora notablemente cuando se toman en las condiciones que privan en un campamento como el nuestro.

Poseedores de inmejorable estado de ánimo y desbordante buen humór procedimos a retirár con mucho cuidado las piedras que conformaban el muro, a medida que el trabajo avanzaba la espectación y curiosidad por sabér que ocultaba la construcción crecía a cada momento, pronto terminamos de retirár todas las piedras y empezamos a remover la tierra de relleno detrás de ellas, después de muchos minutos de extraér materiales, algunos de los compañeros manifestaron su inquietúd, que quizá hubiésemos trabajado en vano, pues además de todos los objetos rescatados no se habían detectado indicios del lugár donde pudiera estár el escondite, el lugár que estábamos trabajando ahora tampoco ofrecía clara visión de lo que buscamos a pesár de habér removido casi toda la tierra, no obstante los argumentos negativos, indiqué que no deberíamos darnos por vencidos antes de habér limpiado a conciencia todo vestigio del materíal de relleno so pena de pasár desapercibido “el nido” así pues sin desacelerár el ritmo de trabajo, descansamos hasta habernos convencido a nosotros mismos de que habíamos agotado recursos y no quedaba rincón por revisár dentro del abra, mas, incluso después de limpíar cuidadosamente todo el antro sin habér localisado el interés, yo no quedaba convencido que los esforzados “rellenadores” hubieran desplegado tanto esfuerzo y tanto sudór solo por deporte o por que no tenían algo mejór que hacér, los denodados individuos eran gentes a quien no le sobraba energía que desperdiciár y por supuesto no es lógico pensár que tanto tiempo, dedicación y energías fueron utilisadas en vano, si acaso no localisábamos lo que con toda seguridád está ahi oculto, no se deberá a que no existe el depósito sinó a que nosotros no fuimos suficientemente capaces de localisarlo, hasta ahora los antiguos nos habían dado sobradas pruebas de su ingenio.

Quiero pensar que con la misma habilidád desplegada cuando tan bien supieron disimulár el abra, su capacidád bien pudiera permitirles ocultár lo que quisieran sin dejár el menór rastro.

Muy tarde ese día regresamos al campamento, algunos de los compañeros manifestarón su intención de no seguír trabajando en el proyecto, consideraban que sería por demás infructuoso dedicár más tiempo y esfuerzo a una empresa que había resultado infructuosa, traté de calmár los ánimos argumentando que lejos de desanimarme, todo lo que había visto dentro de la cueva me convencía de que solo era cuestión de tiempo localizár lo ocultado, para mí quedaba perfectamente claro que el tremendo esfuerzo desplegado por los antiguos propietarios obedecía a su necesidád de protegér algo de mucha importancia y alto valór.

Mi discurso no logró disuadír de su determinación a la mayoría, el grupo se disgregó y nuestras andanzas quedaron interrumpidas por espacio de ocho años periodo que yo estuve en los EE. UU. en viaje de estudios y trabajo.

A mediados de 1993 mis hijos y yó tratamos de reunír al grupo, solo tres de los antiguos miembros respondieron a nuestro llamado, los demás se retiraron de andanzas o se adhirieron a nuevos grupos.

Nos reunimos mis hijos Hector y Luis, Arturo, Arcadio, Rubén y yo, organisamos nueva incursión a la cueva, con beneplácito observamos que los caminos hasta el pueblo “El llano” habían mejorado muy notablemente incluso estaban pavimentados, el tiempo de recorrido se acortó a una tercera parte, sin dificultád alcanzamos el cerro donde está la cueva, a pesar de que las veredas que conducen a ella habían sufrido gran deterioro por influencia de los elementos, un par de años atrás las lluvias habían sido particularmente abundantes, los frecuentes y furiosos vendavales fueron capaces de ocasionár graves destrosos a su paso, descorazonadór fue para nosotros comprobár que del bosque de soberbias Parotas quedaban en pie muy pocos ejemplares, algunos troncos de los caídos gigantes yacían atorados unos con otros en el pedregoso lecho del río donde antes era “playas” de tierra rica en nutrientes, la tierra había desaparecido y los desenraizados árboles arrastrados rio abajo, el panorama lucía sobrecogedór muy diferente a lo que estábamos acostumbrados.

Debido a las fuertes avenidas, el cause del río se ensanchó en más del doble, por esa causa fue para nosotros fácil vadeár la escasa corriente no sin sufrír constantes tropesones en las numerosas piedras que quedaron expuestas.

Una vez dentro de la cueva revisamos el antro en busca de indicios de la presencia de personál que hubiera estado en el lugár después que nosotros dejamos de venír, no detectamos nada que indicara que alguien hubiera entrado, todo estaba exactamente tal como lo dejamos, incluso una piedra que yo había dejado en precario equilibrio preparada para caér en caso de ser tocada permanecía en su sitio, me fue muy grato interrumpír su reposo y la hice caér, el episodio nos prestó ánimos y todos a una empezamos a escombrár un lugár que antes habíamos dejado pendiente, después de una hora descubrimos un hueco formado por piedras de grandes dimensiones, en el fondo del hueco reposaba un objeto cuya forma semeja la parte superiór de un baúl, debido a que todo estaba forrado por una gruesa capa de polvo las formas solo se podían adivinár, el pasaje no era suficientemente amplio para permitír a una persona deslisarce a su interíor, en el techo del hueco, un murcíelago desecado colgado de sus patas yacía cabeza abajo, el animál pereció encerrado cuando se rellenó ese lugár, el mamífero momificado fue parte de una colonia que había vivido en oquedades debajo del piso principál, cuando retiramos el materíal de relleno destapamos las oquedades de sus antiguas madrigueras, teniendo nuevo acceso a su habitát el tráfico de los animalitos se incrementó, me pregunto cuantos cadáveres de ellos habrá debajo de las rocas.

Luis salió de la cueva para traér un largo palo, atamos un trozo de alambre al extremo del palo y rascamos con el lo que suponíamos la tapa del baúl, no logramos salír de dudas con ése método, atamos un trapo al palo para barrér el polvo para limpiár el baúl, descubrimos que no había tal baul solo una roca que asombrosamente adoptada la forma de la tapa de un cofre antiguo, seguimos hurgando el polvo, el alambre se enganchó en algo que parecía un tejido muy grueso, al examinarlo supimos que el tejido pertenecía a un pedazo de “china”


(prenda a manera de capa hecha de hojas de palma trenzada que la gente del campo usó por muchos años para protegerse de la lluvia) dedicamos el resto de la jornada para desalojár una piedra que estorbaba, una vez retirada fue suficiente espacio para que Hector pudiera entrár y comprobár que no había nada escondido en ese lugár, desviamos nuestra atención a otro sitio y después de hurgár por poco tiempo desenterramos el fondo de una “quiligüa” (especie de canasto alargado) dicha pieza estaba formada por una soga de .03cm de grueso hecha de fibras de palma retorcida, la soga estaba arrollada en espirál, las espiras sujetas unas a otras mediante hilo del mismo materíal, me imagino que el recipiente fue muy resistente pero terminó por desbaratarse debido al uso a que se le sometió para acarrear materiál de relleno.

Quiero hacér un paréntesis para comentár que desde el principio de las exploraciones en los gatos hice notár que la cueva no reune las características que se mencionaban en la relación que habíamos conocido por boca del Padre Bernardo, sobre todo, el pasaje que dice: “Debajo de la cueva está la verdadera cueva tapada con palos rollizos” a medida que progresaba la operación quedaba más convencido de que las rocas que descubríamos en el suelo marcaban sin duda el piso originál, en repetidas ocasiones hice sabér mis observaciones arguyendo que, o la relación era ficticia o estábamos trabajando en el lugár equivocado, como quiera que fuere, sin embargo, los gatos reune características tan interesantes que a todas luces nos era obligatorio explorár, aún el más bisoño de los prospectores estaría de acuerdo con mi convicción, de seguro si persistiéramos en el trabajo podríamos encontrár lo que seguramente esta oculto debajo de alguna roca, no me es dificil reconocér que la habilidád y dedicación que desplegaron con tanta malicia los encargados del entierro reviste gran importancia, cada vez que pienso en el tremendo esfuerzo que aquellas gentes tuvieron que desplegar quedo más convencido que lo que trataron de ocultár a ojos extraños es de valiosa importancia, es obvio que muchas personas y durante mucho tiempo intervinieron en la operación a juzgár por el ingente volumen de materiales que fueron movilizados.

Es sumamente dificil aprecíar volúmenes dentro de un recinto de tan irregulár nomenclatura y con tan gran número de anfractuosidades, conservadoramente calculo que hemos extraido unos 100M cu. de tierra y piedras, la mayór parte de ese materíal fue a parár fuera de la cueva, esto dio pie a que los habitantes del poblado próximo al ver las nubes de polvo que en la lejanía emergían del cerro, propalaran la noticia de que un volcán estaba en formación en aquél lugár, sin embargo los más suspicaces pronto asociaron nuestro paso por el pueblo con la actividád volcánica cuyas erupciones, coincidentemente eran vistas solo cuando nosotros andábamos por los alrededores, un día quedó comprobado que nuestras actividades habían dejado de ser un secreto para los lugareños, me encontraba sentado en la corniza fuera de la cueva, por la vereda allá abajo aparecieron un hombre y un niño montando un asno con rumbo opuesto a la dirección del pueblo, los estuve observando “sin ser visto” cuando se perdieron tras un recodo, escuché la estentorea voz del hombre que gritó diciendo !! Dejen eso carbones !! lejos de molestarme me causó risa la ocurrencia, más el incidente nos puso al tanto que los vecinos nos tenían muy bien ubicados, sin embargo nunca nadie nos causó molestias de ninguna clase y nos dejaban hacér con toda libertád.

Después de la última incursión del grupo completo, apoyado por mis hijos dedicamos algún tiempo a repasár los numerosos hallazgos de “muestras” que desempolvamos en la cueva, las carcterísticas de todo lo que vimos dentro no acababa de convencerme en dar por terminadas las exploraciones, después de un tiempo volvimos una vez más para echar una ojeada.

Esta vez rompiendo la costumbre, hector fué el primero en descendér portando lámpara de pilas, a través del aparato de radiocomunicacíon nos informó que el techo había sufrido grandes cambios por efecto de los últimos movimientos telúricos y la masiva extracción de materiales que modificó su estabilidád y se estaba practicamente desmoronando en muchos sitios, el desprendimiento de tres grandes rocas había dejado los correspondientes huecos en la boveda, de seguro la estructura del techo se debilitó hasta el punto de ser muy peligroso proseguír trabajos utilisando métodos tradicionales, si bien, la masiva roca que constituye la mayór parte del techo estaba en su sitio, debido al desprendimiento de piedras que le servían de cuña el monolito perdió apoyo y permanecía en su sitio gracias a su tamaño que le permite soportarse a si mismo, es impredecible si la gigantesca roca permanecerá sirviendo de techo o si acaso se desplomará, si esto último ocurre el procedimiento para llegár al depósito se complicará sobremanera debido a la ingente cantidad de material que se tendría que desplazar, la maniobra no es imposible pero si muy costosa.

Eventos sumamente importantes me han obligado a regresár al país del norte en busca de algún respiro en materia económica, sucede que personas sin escrúpulos, por errór o más bien con dolo han afectado profundamente mis intereses, después de tres años de litigios, por fín se ha emitido el justo fallo a mi favór más el problema no ha terminado, se lleva tiempo el recuperár los bienes afectados y volvér al carríl, mientras tanto el proyecto de terminár el trabajo en los gatos quedó pendiente, tenemos planes de utilisár explosivos para tirár el materíal que esté en precario equilibrio y aligerando así el peso sobre la roca madre, poder trabajar con cierto margen de seguridád. dentro de la cueva repasamos los pormenores de la operación revisando todos los rincones y mentalmente recorriendo los detalles que recordábamos vividos durante tantas fechas de arduo trabajo, con admiración hacia los hermanos Rios y Cia. consideramos que si fue para nosotros duro y penoso vacíar el material usando herramientas y técnicas que habían probado su eficiencia, es facil imaginár lo doblemente dificil taréa de raspár a mano puñados de tierra de entre las rocas y acarrearlo penosa y precariamente en canastos y “tambaches” subiendo un empinado tramo hasta la cueva, comparado con esa labór nuestro trabajo se podría comparar con “juegos de niños” a nuestro alcance estuvo tierra floja y “piedras de mano” solo teníamos que llenár cubetas y en cadena hacerlas llegar hasta el exteriór de la cueva.

Recordamos cuando trepados sobre rocas curioseábamos por encima del relleno del tapón del abra sin sospechar que no era naturál el hueco, tan bien disimulado estaba el materíal que son incontables las veces que estuvimos cerca sin notár el tapón, de no ser por la ocurrencia de entrar a la covacha, quisá el abra hubiera permanecido oculta por tiempo indefinido.

Hector cambío el giro de nuestras cavilaciones al recordar la existencia de “la covacha” se trajo a colación cuando Flaviano y yo penetramos trabajosamente a esa oquedád, debido al gran alboroto que el desvelamiento del abra produjo, dejamos todo pendiente, para dedicar nuestro erfuerzo a explorár el nuevo reducto y la covacha quedó olvidada por completo, al refrescár mi memoria recordé con mucho detalle la configuración del rincón que ahora nos atraía considero muy valioso el hecho de que en el suelo no había excrementos de murciélago lo cual sugiere muy fuertemente que después de rellenar el lugar fue sellado este sin dar tiempo a los murciélagos a entrar en el, cuando nuestros esfuersos se concentraron en el abra, como medida de precaución caso que volviéramos a revisar puse unos palos en la entrada de la covacha, de esa manera la tierra extraida del abra no invadiría el recinto.

Dándole vueltas y revueltas a todos los planteamientos y alternativas los argumentos me llevaban invariablemente a la misma conclusión:
Algo valioso está escondido en los confines de la cueva de los gatos, si no lo hemos encontrado se debe a que está bien escondido, hasta el momento hemos llegado a una etapa en que no queda mucho por revisár, al finál de este capítulo emitiré mi análisis basado en mi experiencia generál y lo que he vivido durante el desarrollo del trabajo en la cueva.

Conclusiones:
a. Cuando por primera vez penetramos al recinto descubrimos dos escaleras recargadas en un escalón al finál del tunel de entrada.


b. El piso del primér recinto estaba bien nivelado artificialmente.

c. En el lado derecho había restos de un fogón y gruesas placas de ceniza compactada.

d. Numerosos trozos de ocote a medio quemár se desenterraron con frecuencia.

e. Se recuperaron ocho cabos de herramienta.

f. Dos maderos en forma de media luna se encontraron en un hueco del muro.

d. Encontramos pedazos de canastas hechas de carrizo, soga de fibra de palma,
un pedazo de china, un cuadrado de zacate aglutinado con barro, un almacén
de guano dehidratado, palos con un extremo achatado, la escalera fracturada,
cuatro escaleras mas, esqueletos de peces, mazorcas de maíz criollo, dos
“rastrillos”, pedazos de hueso de pata de res, canasta llena de cascaras de
pitaya, mazorcas de maiz arcaico, gran numero de "ocotes" semiquemados,
etc.etc.

h. El piso de la covacha está también nivelado manualmente.

i . El abra perfectamente disimulada indetectada por mucho tiempo.

j. La escalera rota y el muro de piedras dentro del abra.

k. Dos escaleras más, tiradas en el suelo.


APRECIACIONES:

Todo lo que hemos analisado se encamina a rendír plenas seguridades de que en la cueva en algún lugár perfectamente disimulado se esconde algo que sin duda significaba materia muy importante para los personajes que trabajaron ahí.


Los objetos descubiertos dentro de la cueva mostraban señales de habér sido intensamente usados.


Gran cantidád de materiales fueron introducidos y colocados conciente y deliberadamente.

El muro de piedra se construyó para evitár caida de materiales al nivél iferior donde se estaba trabajando.

La escalera rota, se usó para descendér al nivél donde se trabajó para depositár.

El guano desecado se extrajo del lugár que se preparó para el depósito, los dos rastrillos se usaron para recogérlo.

Los bienes se depositaron en el fondo del poso libre de guano, el poso se tapó con entarimado formado con palos, para impedír que la tierra se pase hasta lo depositado encima de los palos se colocó una alfombra del zacate amasado con lodo.

El cuadrado de zacate amasado con barro es sobrante del materíal que se usó para sellár el entarimado sobre lo guardado.

Después de todas esas consideraciones yo siempre apoyaré mi tesis: Todo indica que en el pasado un numeroso contingente de personas habitó en la cueva y durante un considerable periodo de tiempo esas personas efectuaron trabajos de mucha consideración encaminando su extraordinario esfuerzo a ocultár algo que sin duda es cuantioso y de mucho valór a juzgár por la importancia de la obra realisada.

Si se descubrirá o no lo ahí guardado solo el tiempo podrá decirlo.

Cuando si acaso podremos terminár el trabajo?

!!Solo el tiempo podrá determinarlo!!



Jose Alcaraz
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Re: El Tesoro de la Cueva de los Gatos

Mensaje por widoman el Miér 15 Mayo 2013, 7:53 pm

jose, con tantas historia de tesoros facilmente puedes escribir un libro,
sobra gente que le gusten los derroteros.

widoman
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